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Dignidad contra crueldad

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11.10.2026

Maricarmen Abascal / EUROPA PRESS

Por azares del calendario escribo esto cuatro días antes de que se publique. Seguro que para usted es mera anécdota de comentarista habitual de política. Pero tal y como va la vida, un día acumula tal cantidad de sucesos, de ideas, de suspiros y quebrantos, que corremos el riesgo de envejecer prematuramente. No podemos escribir a la velocidad de la luz, ni siquiera pensamos a la del sonido. Esto no es accidente particular: es el signo de que la política va a un ritmo en el que es muy difícil establecer qué acaece en el hoy, qué pasó ayer. O, incluso, de ignorar si lo que ahora digo no ha sido dicho ya mañana. Esto es signo de la dilución del tiempo usualmente conocido y afecta extraordinariamente a una sociedad sumida en la incertidumbre que, además, penetra en un periodo electoral que va a tener singular aspereza. O sea, que escribo preocupado.

Desde hace días tenía pensado comenzar con un chiste. Un chiste que era una parábola, que esconde una reflexión sobre el momento político. Pero aun así hubiera sonado a frivolidad. La muerte de Maricarmen Abascal no solo tiñe de luto a toda persona de buena voluntad, sino que trastoca la percepción de lo legítimo. Maricarmen ha sido atrapada, a su pesar, por una de esas contradicciones democráticas que nos recuerdan que vivimos en el mejor de los sistemas pero que ese sistema puede ser mejor. Podemos llorar o rasgarnos las vestiduras, pero la realidad es que lo que nos recuerda este aciago encadenamiento de acontecimientos es que la democracia no siempre convive bien con el capitalismo y que el derecho a la propiedad, el mejor protegido de todos, burla una y otra vez a la Constitución. Y que los intentos se refrenar a esa bestia desbocada, que no conoce de autocontención cuando hablamos de propiedades y beneficios millonarios, encuentran muchas dificultades.

Algunas de esos problemas derivan de la construcción de un relato que quiere sacralizar la propiedad igualando la mínima, la aplicada a la vida cotidiana habitual, con la propiedad que........

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