Nada nuevo bajo el sol
Un hombre se mira al espejo en una imagen de archivo / INFORMACIÓN
Claro que llueve en agosto, y son los charcos más apetecibles para “Totó”. En el Mediterráneo sabemos que la lluvia puede aparecer cuando menos la esperamos y, cuando cae con fuerza, convierte los espacios en un pequeño territorio de aventuras para cualquier niño.
“Totó” era uno de mis hermanos. De los diez, probablemente el más rebelde. Tenía una manera muy particular de hacerse notar, sobre todo cuando las cosas no salían como él esperaba. No hacía falta preguntarle qué le pasaba. A veces desaparecía unos segundos y, de repente, lo veías lanzarse de cabeza al charco más grande o al rincón más incómodo que encontraba. Lo hacía con una naturalidad casi cómica, como si realmente fuera a bucear.
Hoy, cuando lo recuerdo, me produce ternura. Era su manera inocente de decir: “Aquí estoy yo”.
En casa aquello suponía ropa para lavar, claro. Pero mis padres no lo castigaban sin más. Había conversación, explicación y aprendizaje. Intentaban que entendiera que nuestras acciones tienen consecuencias y que también debemos aprender a cuidarnos cuando algo no sale como queremos.
Quizá ahí estaba la verdadera enseñanza.
Totó tenía, además, una forma muy original de relacionarse con sus amigos. Era capaz de........
