El caloret y la privatización de las calles
Una camarera atendiendo la terraza de un restaurante en una imagen de archivo. / AXEL ALVAREZ
Decía Dalí: “Picasso es pintor. Yo también. Picasso es español. Yo también. Picasso es comunista. Yo tampoco”. Eso me pasa a mí con la fiesta: yo tampoco. Hay gente que es festera y otros que no lo somos ni para disimular. Seguramente son más los que sí que los que no, por lo que, como demócrata, me aguanto con la decisión de la mayoría y si ellos escogen fiesta, pues que le vamos a hacer. Pero una cosa es aceptar los inconvenientes y otra que se privatice el espacio de todos en beneficio de unos cuantos, por muchos que sean.
Tampoco soy amante de las terracitas al aire libre. Es más, no me gusta comer en la calle ni aquí ni en Estambul ni en una isla semidesértica del Caribe. Pienso que la comida es una actividad poco respetable que debe desarrollarse en la intimidad o en espacios reducidos y privados. Vamos, que no me gusta ver ni que me vean, si es posible. Pero, sin duda, muchos de ustedes matan por las terrazas y las cervecitas en plena vía pública, y como seguramente son más que los terrazofóbicos, también me aguanto.
El calor me molesta como si hubieran encendido las calderas de Pedro Botero para fastidiarme personalmente. Ni que dudar tiene que........
