Victoria Vera, eterna
Victoria Vera, una de las musas de la Transición / Mariscal/EFE
Fueron seis noches de domingo del año 1978 inolvidables. Más de veinte millones de espectadores se pegaron a la televisión para ver Cañas y barro, de la que se hablaba cada lunes por la mañana en las tertulias. Entre todo el equipo de esta producción que adaptaba la obra de Blasco Ibáñez bajo la dirección de Rafael Romero Marchent brillaba por derecho propio la presencia de Victoria Vera. Todavía la siguen llamando Neleta en según qué sitios.
Su aparición en el Teatro Cervantes de Málaga para mantener un encuentro con los medios constituyó uno de los momentos imprescindibles de cuantos se vivieron en un festival que nos regaló muchos irrepetibles. Parecía increíble que hubiesen pasado casi cincuenta años desde que vimos a la actriz en Cañas y barro. Lucía idéntica mirada sensual y enigmática, el mismo halo de diva que no la abandonado nunca. Como dijo alguien, de haber nacido en Estados Unidos sería una de las grandes.
Aunque lo suyo, más que el cine y la televisión, fue el teatro. Fue en los escenarios donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Vera evocó una anécdota que simboliza el clima de cambio vivido en el teatro español en los últimos años del franquismo. La actriz recordó el estreno de ¿Por qué corres, Ulises?, de Antonio Gala, cuando decidió salir a escena sin el imperdible que debía sujetar su vestuario tras una indicación de la censura.
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Victoria Vera continuó infatigable. Verla en La decente de Miguel Mihura en 2008 fue uno de los mejores regalos que he vivido como espectador en la que va de siglo. Nadie podría haber encarnado ese personaje mejor que ella. Como a Ninette. Jamás olvidaremos su paso por Málaga.
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