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Ícaro y Sísifo en el laboratorio político

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26.09.2026

Cuenta la mitología clásica que Dédalo construyó unas alas para que su hijo Ícaro pudiera escapar de la prisión. Antes de emprender el vuelo le hizo una advertencia bastante sencilla: no lo hagas demasiado alto, porque el sol puede derretir la cera. Ícaro confundió su deseo de presunta libertad con la ausencia de límites, de razones y argumentos y siguió subiendo, fascinado por aquella sensación de poder. El sol no necesitó convencerle de nada.

Dos milenios después seguimos teniendo una relación en paralelo con estas advertencias. Tenemos científicos, satélites, informes y datos suficientes para saber que el clima está cambiando y que sus consecuencias ya no pertenecen a un futuro lejano. Los incendios, las sequías, las olas de calor y los episodios extremos forman parte de nuestro presente. Aun así, siempre aparece alguien dispuesto a explicar que no pasa nada porque también hizo calor en tiempos del Imperio romano. En las Cortes de Aragón incluso hemos escuchado a un diputado negacionista explicando en qué consiste el cambio climático para su forma de entender el mundo: "Cuando hace calor se pone ropa y cuando hace frío se la quita". Frente a siglos de ciencia, siempre queda un argumento pronunciado con suficiente seguridad.

Pero hay otro cambio climático que debería preocuparnos: el político. Mientras el planeta se calienta, en buena parte del mundo soplan vientos del pasado que arrastran valores que durante décadas creíamos........

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