Poder por pensar que se puede
15 de abril 2026 - 03:08
Elegimos ir a la Luna”. Lo dijo Kennedy un día de 1962 y la frase, con la que el presidente pretendía aplacar los ánimos de sus conciudadanos, un poco moscas por el gastaero de dinero que iba a suponerles el programa Apolo, se ha convertido en una de las citas más recurrentes cuando se habla de asumir grandes retos y enfrentarse a cosas que a simple vista parecen inalcanzables. “Elegimos ir a la Luna –explicó– no porque sea fácil, sino porque es difícil”, y la cosa es que, siete años después del motivador discurso, ya estaba Neil Armstrong dejando la huella de su zapato espacial sobre el polvo lunar. Estos días se me han alineado los astros, nunca mejor dicho, y he pensado mucho en la cita. Primero, obvio, porque la NASA acaba de hacer historia por haber vuelto a la Luna (aunque vuelto, lo que se dice vuelto de volver, no exactamente) y haber mandado a cuatro astronautas al lugar más lejano al que ha ido nadie nunca. Lo curioso es que lo han hecho justo la misma semana en la que, a mucha menos distancia, hemos podido honrar aquí, precisamente, a la campeona mundial en eso de llegar más lejos que nadie. A Carolina Marín íbamos a decirle adiós ganando el Europeo de bádminton, pero no ha podido ser, ya lo saben, y, si les digo la verdad, no siento que nos hayamos perdido nada, sino, más bien al contrario, este fin de semana hemos ganado la oportunidad de, con la serenidad que ofrece lo de no jugarse nada, poder aplaudirle sus méritos deportivos y, sobre todo, reconocerle algo mucho más doméstico, más de andar por casa: su ejemplo como onubense. Nunca me he creído lo de “querer es poder”, “si puedes soñarlo, puedes hacerlo”, y ese tipo de charlatanería milagrosa que tanto gusta a los coachs, pero siempre he confiado en la fuerza de la voluntad y en la capacidad de creer en uno mismo y de asumir retos como palancas con las que todos (todos) podemos mover las cosas de su sitio si nos lo proponemos. Carolina ha destacado por muchas cosas durante todos estos años de carrera deportiva, pero una de ellas, posiblemente la que más, ha sido justo por eso. Su lema, “puedo porque pienso que puedo”, ha sido el resorte con el que le ha dado la vuelta al mundo del bádminton, en el que hace muy poquito tiempo era inimaginable que alguien pudiera arrebatarle el trono mundial a las otrora invencibles volantistas asiáticas, y mucho menos, claro, que esa alguien lo pudiera hacer desde Huelva. A Carolina le estaremos eternamente agradecidos por muchas cosas, pero sobre todo por habernos demostrado que desde aquí, desde la periferia, desde el culo del mundo, también podemos elegir la Luna si nos da la gana. Gracias, Caro, por habernos hecho pensar que podemos.
Con la falta que nos hacía saberlo.
También te puede interesar
Manuel Gregorio González
Trump topa con la Iglesia
Recuperar la República
Poder por pensar que se puede
Trump debe evitar una recesión global
Nacional fundamentalismo
Las fotos del Atlético de Madrid-Barcelona
