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La última oportunidad para excavar en Huelva

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Huelva, 12 de abril 2026 - 02:30

HUELVA tiene ante sí una oportunidad de las que no volverán a repetirse más. La reciente puesta en valor de los restos arqueológicos de la Plaza de San Pedro, y la inminente compra de los terrenos del cabezo, gran corazón histórico, son fantásticas noticias para los onubenses, y también el último aviso para mirar al subsuelo de la ciudad antes de que se pierdan las castigadas huellas de su pasado. Es una última llamada a la que no se puede dejar de acudir.

Hay solares y espacios públicos bajo los que late esa Huelva antigua que todavía no hemos terminado de descifrar. Ahora que el foco vuelve a apuntar a los orígenes, en un momento de sensibilidad y acción por parte del Ayuntamiento, siguiendo la demanda creciente de recuperar y mostrar el pasado aún oculto, sería un error injustificable limitarse a celebrar solo lo conseguido sin plantearse seguir con lo mucho que todavía queda por hacer.

Los gravísimos errores pasados (lejanos y recientes) nos han llevado a pérdidas irreparables de las que siempre nos lamentaremos. Nos condenan a tenerlos muy presentes para no repetirlos más. No podemos pasar más páginas.

Son demasiadas las oportunidades perdidas. Realmente indecentes, por calidad y cantidad. Por ejemplo, los restos aparecidos a finales de los 90 en la calle Méndez Núñez, en el actual edificio Coliseo, con un enorme templo del siglo VIII aC. O los del parking cuya construcción puso en peligro la Iglesia de la Concepción, donde se registraron cerámicas de factura fenicia y griega que son destacadas como las más antiguas de Occidente. Y son de aquí, de Huelva, salvadas del vertedero donde se llevó el vaciado de ese solar.

Un gran edificio público romano sigue bajo las baldosas de la Plaza de las Monjas, junto a viviendas y otras muestras de época previa del importante comercio que había en la ciudad. Las construcciones ligadas a la actividad portuaria preorientalizante, en el solar del antiguo edificio de Hacienda, también podrían quedado bajo la luz natural, dejando una plaza pública para la ciudad delante del Ayuntamiento, o quizá como parte de un gran museo tartésico, en vez de la Delegación del Gobierno andaluz que se construye. Otra ocasión perdida para priorizar nuestros orígenes cuando había margen para rectificar.

Toca ser inteligentes, valientes y ambiciosos, tras tantos errores y tesoros perdidos

Solares puntuales de la calle Puerto, la calle Palos, la misma Plaza de San Pedro al completo, los cabezos de La Almagra, Roma y La Joya, que sí se va a recuperar, también por iniciativa municipal... Todos son signos de la gran ciudad que, imaginamos, bullía en la época de Tarteso, uno de los pueblos más fascinantes –y desconocidos a la vez– de la antigüedad, que muy probablemente tuvo su capital en la Huelva actual.

La riqueza minera del interior de la provincia (cobre, oro, plata), el estuario en la capital y las trazas de una importantísima conexión comercial regular con el resto del Mediterráneo explican las construcciones y otros elementos aparecidos a lo largo de todo el casco histórico actual de la ciudad.

Hay numerosas evidencias de un asentamiento continuo de población en Huelva, en la superposición de estratos del terreno, que proporcionan un valor aún mayor al subsuelo onubense. Todos los argumentos para excavar, investigar y dejar al descubierto todo lo encontrado para conocimiento, orgullo y disfrute de todos, antes de que sea más tarde.

La Soledad y la Plaza Arqueológica, ventanas al pasado

La inercia actual con San Pedro y La Joya nos debe llevar a continuar los proyectos y actuaciones en la Plaza de la Soledad y la Plaza Arqueológica, espacios abiertos, públicos y en parte también privados, sin uso definido ahora mismo. Es el momento de seguir la labor iniciada para descubrir la Huelva histórica que se dibuja entre todos esos puntos. Así podrán ser, más que grises espacios urbanos, ventanas abiertas directamente al pasado.

Ahora tenemos la posibilidad de profundizar en los orígenes de Huelva y encontrar elementos sólidos para cerrar el relato de su historia, de la propia identidad onubense. Un relato que se desentierre y se enseñe en el propio terreno al alcance de todos, y no con fotografías en murales o bajo cristales opacos. Es el relato que debe reconstruir el esplendor de la antigua urbe, que revele a Huelva como un enclave estratégico para el comercio y el mundo occidental hace 3.000 años.

Por eso ahora toca ser inteligentes, valientes y ambiciosos. Debemos hacerlo mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Es el único camino. Debemos plantear planes arqueológicos a largo plazo que garanticen el estudio y la investigación para una coherente narración posterior. Y darles visibilidad en los espacios públicos con mucha pedagogía que clarifique nuestros orígenes y los comparta con orgullo.

Para llegar hasta ahí tenemos que excavar. Para ello, propiciar alianzas entre administraciones, buscar fondos europeos (que los hay), aportaciones de universidades que hace décadas miran a Huelva con máximo interés. Y favorecer el mecenazgo privado a través de compañías y empresas que vean la valiosa rentabilidad social de vincularse al espléndido pasado de la capital onubense.

Huelva tiene una ventaja inmejorable: no necesita inventarse una historia porque ya la tiene, y muy rica. Sólo debemos decidir ahora si seguimos caminando por nuestras calles sin reparar en ella, o si de una vez por todas, la sacamos a la luz. Después de tantos errores y tantos tesoros perdidos en el camino, ese debe ser ahora el compromiso inequívoco de todos.

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