Socializar tu ruido
15 de marzo 2026 - 03:12
Que cada cual cuenta la historia según le va es una gran verdad. Que ese cual cuente su película al primer mono de goma al que dar leña, eso ya es otra cosa. ¿Está más loco un tipo que habla solo sentado contra una fachada que uno que no tiene más charla que la de contar su vida, sus goteras o glorietas al incauto? Al menos, se supone que el vicio de hablar de uno mismo ante cualquier incentivo es algo inherente a conversar, y para eso hacen falta dos como mínimo. A nadie lo amarran a una columna para roerle los occipitales.
Hay otros tipos de comunicatio non petita. Esta mañana de asueto, estando uno en la tercera página del periódico y echando agua fría sobre el americano lacerante (el café, no Donald, que me coge lejos), ha llegado una señora a someter a reválida a la camarera. Es absurdo en muchos sitios de Andalucía preguntar, y hacerlo con atiplado grito de Castafiore, de sopetón y sin buenos días, “¿que tenéis de desayunar?”. Tras censurar con un rictus de fastidio que sólo tengan un tipo de pan, inquirió con denuedo a sus Lorena y Valeria qué iban a tomar de primera colación, sin darse por satisfecha la Madre Estrés con ninguna respuesta de sus pequeñas. Ha mencionado toda la gama de un par de lineales de supermercado, la señora.
Codo con codo con quien esto sufrió –un desayuno de fin de semana no es algo menor–, la madre coraje pidió lo suyo, y tocó los campanilleros de cucharilla y azucarillo en vaso que suelen perpetrar en trance de barra quienes han pedido su café “muy caliente” (un poltergeist costumbrista aún no desvelado). Un economista lo llamaría “externalidad”. Sólo por ejemplo, es externalidad la molestia a quienes viven en una calle que la empresa de transportes ha señalado en rojo por sus propias eficiencia y eficacia: en esos autobuses transita media ciudad. La optimización de su logística incluyen costes que no serán compensados a los vecinos.
Por un amigo letrado sé otro latinazgo, Qui prodest?, “¿Quién se beneficia?”. Hago esa pregunta a mis allegados conversos al trumpismo, Cuyos ojos de nueva fe se enturbian de repente en la gasolinera. Hoy es día de repostar a 2 pavos/litro, y hacer cola de túnel de lavado. O de someter a un tercer grado a tus chiquillas al pedir dos simples colacaos, más y un con leche con el que darte al solo de cuchareo. Braseando la paz de algún inocente colateral.
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