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El fútbol como síntoma

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05.04.2026

05 de abril 2026 - 03:08

El próximo verano este país, y los restantes 47 países clasificados para el Mundial de ese deporte que consiste en ver a 22 personas dando patadas a un objeto esférico con la intención de introducirlo en un artefacto de forma rectangular cerrado en sus fondos por unas redes generalmente de color blanco, estará pendiente de todo aquello que he descrito con anterioridad entre las comas y que podría ser la descripción de alguien a quién le interesa un pimiento todo eso, o lo que es lo mismo que le viene al pairo ese deporte.

Probablemente porque mi padre era un aficionado del Granada CF, y claro en aquellas décadas del siglo XX era lo que había, y me llevó al viejo Los Cármenes y desde entonces tengo la suerte y desgracia de sentir sus emociones, generalmente tristes y en menos con alegría, pues yo, de no mediar lo anterior haría esa descripción de lo que se llama fútbol y este verano me daría exactamente igual lo que hicieran esos 22 personajes corriendo tras el objeto esférico llamado balón o pelota.

Y dirán ustedes que, conociéndome en algo de lo que voy escribiendo desde hace tiempo por estas páginas, les estoy contando una trola. Que a mí como todos los aficionados del futbol queremos que la selección nacional gane el Mundial. Pues les digo que me da igual quien gane. Y no, no es que me haya convertido en un nacionalista de algunas partes del Estado y que tanto odian a todo lo español. La razón de la trasmutación ha sido el incidente del último partido de la selección nacional, ese en que medio estadio gritó aquello de M… el que no bote.

Y resulta que aquello no se paró, tan solo se anunció por megafonía y por las pantallas que aquello era muy feo. El árbitro era búlgaro y probablemente no lo entendía, pero nadie de la Federación Española de Fútbol puso remedio y en particular los jugadores españoles no hicieron nada. Bueno sí, luego se dedicaron a escribir en redes que eso es muy feo y que yo resulta soy precisamente de esa creencia y bla, bla, bla. En definitiva pura hipocresía de la FEF, de los jugadores y de todo el mundillo del fútbol que va a rascar dinero pero cuando debe tomar medidas realmente efectivas mira para otro lado. El fútbol como síntoma ejemplar de la hipocresía que gobierna el mundo. Vale.

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