Probando un exoesqueleto en primera persona
Las casualidades no existen, y una vez más lo confirmo. Tras tres días en cama, cancelando eventos y compromisos por el dolor de las hernias discales que me acompañan desde hace años, decidí aceptar una invitación que parecía hecha a mi medida. El producto en cuestión: un exoesqueleto inteligente. La promesa: caminar con menos esfuerzo, recuperar confianza en la movilidad y comprobar cómo la tecnología puede convertirse en extensión del cuerpo.
Apenas se abrió la ronda de preguntas fui el primero en levantar la mano. Conté mi situación: tres días de reposo obligado, el dolor aún presente, y la curiosidad intacta. Quería probar el dispositivo en primera persona, no como periodista tecnológico, sino como paciente que busca alivio. Y lo........
