¿Debe el riesgo climático aumentar el WACC de una empresa?
Por: José Dávila. Profesor de la carrera de Economía y Finanzas de ESAN University.
Inundaciones, sequías, cambios regulatorios o mayores exigencias ambientales pueden reducir los flujos de caja de una empresa. Pero ¿también deberían incrementar su tasa de descuento? Incorporar el riesgo climático en la valorización empresarial exige evitar dos extremos: ignorarlo o contabilizarlo dos veces.
Cuando se valoriza una empresa mediante flujos de caja descontados, una de las variables más sensibles es el costo promedio ponderado de capital o WACC (Weighted Average Cost of Capital):
WACC = Ke × E/(D E) Kd × (1−T) × D/(D E)
donde Ke representa el costo del patrimonio; Kd, el costo de la deuda; E y D, los valores de mercado del patrimonio y la deuda; y T, la tasa impositiva.
El principio financiero es conocido: quienes proporcionan capital requieren una compensación acorde con el riesgo que asumen. Sin embargo, cuando incorporamos el cambio climático surge una pregunta adicional:
¿una empresa más expuesta al riesgo climático debería utilizar necesariamente un WACC más alto?
La respuesta corta es: No necesariamente.
La respuesta más completa es que el riesgo climático puede modificar el costo de capital, pero primero debemos identificar cómo afecta económicamente al negocio y qué parte de ese efecto ya ha sido incorporada en los flujos de caja esperados.
Dos riesgos diferentes bajo una misma etiqueta
La NIIF S2 distingue entre riesgos físicos y riesgos de transición relacionados con el clima. Además, establece que resultan relevantes aquellos riesgos y oportunidades climáticas que razonablemente podrían afectar los flujos de caja, el acceso al financiamiento o el costo de capital de una entidad en el corto, mediano o largo plazo (IFRS Foundation, 2023).
Los riesgos físicos pueden ser agudos —por ejemplo, determinados eventos meteorológicos extremos— o crónicos, derivados de cambios de mayor duración. Los riesgos de transición, en cambio, se relacionan con el proceso de adaptación hacia una economía de menores emisiones y pueden originarse en cambios regulatorios, tecnológicos, de mercado o de comportamiento.
Desde el punto de vista financiero, la diferencia es importante.
Una empresa puede enfrentar una reducción en sus ingresos, mayores costos, nuevas necesidades de inversión o interrupciones en su operación. Sin embargo, estos efectos no necesariamente deben incorporarse todos mediante un incremento de la tasa de descuento.
La primera pregunta debería ser: ¿dónde se manifiesta financieramente el riesgo?
Primer canal: los flujos de caja
El canal más directo probablemente sean los flujos de caja esperados.
Recordemos, de manera simplificada:
FCFF = EBIT × (1−T) Depreciación − CAPEX − ΔCapital de trabajo
Un evento climático o una política de transición puede modificar prácticamente cualquiera de estos componentes.
Una interrupción productiva puede reducir ventas. Una menor disponibilidad de determinados insumos puede elevar costos. La adaptación de infraestructura puede exigir CAPEX adicional. También pueden aumentar gastos asociados con seguros, logística, mantenimiento o continuidad operativa.
En estos casos, una parte importante del riesgo debería reflejarse directamente en las proyecciones financieras.
Una alternativa consiste en trabajar con escenarios:
E(FCF) = p₁FCF₁ p₂FCF₂ … pₙFCFₙ
Por ejemplo, una empresa podría desarrollar un escenario base, otro caracterizado por mayor riesgo físico y un tercero asociado con una transición regulatoria más exigente.
La ventaja de este enfoque es que obliga a explicar económicamente cómo el riesgo climático modifica el negocio, en lugar de limitarse a aplicar una prima general a la tasa de descuento.
Para el caso peruano, la discusión es particularmente pertinente. El Peru Country Climate and Development Report del Banco Mundial identifica al Perú como un país altamente vulnerable al cambio climático y señala la necesidad de fortalecer sus capacidades de adaptación y resiliencia........
