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¡Abascal, pisa el barro!

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25.02.2026

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El fenómeno Abascal se estudiará en algún momento, no sé si en los manuales de política o en los de psicología. En el mitin que ... el lunes dio en el Palacio de Congresos llamaba la atención la cantidad de menores de edad que estaban en la sala. Eran cientos los adolescentes de 12, 13 o 14 años que habían decidido cambiar las canastas de baloncesto o las porterías de fútbol, donde canalizar las hormonas de la complicada adolescencia, por un mitin político con Manolo Escobar de fondo y su ¡Que viva España! Este tipo actos levantaba curiosidad en los albores de la democracia porque después de cuarenta años de franquismo, con la televisión en blanco y negro y dos únicos canales: la 1 y la 2 y sin otra distracción que el fútbol de los domingos, era normal que un líder político recibiera casi el mismo tratamiento que una estrella de cine o que un cantante de éxito.

Los espacios públicos se llenaban, primero para ver a Suárez, que tenía encandiladas a todas las mujeres y después a Felipe González, que le ocurría otro tanto. Para un sector femenino estaban casi, casi al mismo nivel que Paul Newman, Marlon Brando o Cary Grant. Pero creo que los líderes de UCD y del PSOE más que por su atractivo físico, lo que los hacía irresistibles era la erótica del poder.

Pasada la euforia de los comienzos democráticos y en cuanto comenzaron a convocarnos con tanta frecuencia a las urnas, los actos públicos perdieron interés. Incluso, se llegó a afirmar que los socialistas, para llenar los últimos años de González ponían un autobús y a los simpatizantes los convidaban a una Mirinda y a un bocadillo.

Ni han vuelto esos tiempos, aunque por momentos en los actos de Vox parezca que hemos regresado unos cuantos años atrás, ni a Santiago Abascal lo veo como a un líder de masas. El presidente de Vox es capaz de movilizar, sobre todo, a los varones en la edad del pavo, pero no se prodigan muchas chicas.

Está todavía bendecido por los que empiezan y no han tomado decisiones. Ayer, alguno de los presentes ya le gritó: «Abascal, pisa el barro!» Y es que es fácil predicar cuando sabes que nunca vas a dar trigo. Prometer que va a acabar con la delincuencia, expulsar a todos los migrantes sin papeles, eliminar la burocracia, cambiar las políticas agrarias en Bruselas o poner en el mercado viviendas asequibles, son medidas que solo se pueden llevar a cabo cuando se gobierna y Abascal ha tenido y tiene la posibilidad de hacerlo entrando en los gobiernos autonómicos de Extremadura, Aragón y, posiblemente después del 15 de marzo, en Castilla y León, pero parece que no quiere pisar el barro porque los aplausos se arrancan mejor desde un escenario ante un atril y cuando no tienes que rendir cuentas de tu trabajo ante tu electorado.

Abascal presume de valiente, pero parece que tiene miedo escénico a asumir responsabilidades de gobierno. Sabe que si falla, sus votantes lo condenarán al ostracismo, como le ocurrió a Iglesias con Podemos.

De momento, ni siquiera sus consejeros y directores generales entendieron la decisión de Abascal, unilateral y por sorpresa, de abandonar los gobiernos en masa. Ni Pollán ni Menéndez recordaron el lunes que estuvieron dos años y medio al frente de las consejerías de Agricultura y Ganadería, Industria, Comercio y Empleo y Cultura. Si sembraron, ¿algo podrían haber recogido o no?

Como le gritó ayer un simpatizante, Abascal es hora de que vayas pisando el barro y empieces a hacer el cambio que predicas entre los adolescentes. Se puede, pero es más fácil poner condiciones, que son excusas.

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