Semana Santa en Jerusalén
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CompartirHacía siglos que no sucedía. La Semana Santa ha comenzado y en Jerusalén, la ciudad donde se hallan los escenarios de la Pasión, Muerte y ... Resurrección de Cristo, está prohibido el acceso al Santo Sepulcro. La guerra ha obligado a adoptar medidas de seguridad excepcionales. Ni siquiera a los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa les está permitido entrar allí para celebrar los ritos. Aunque las puertas no estén cerradas a cal y canto, sino simbólicamente entornadas. Tal vez para que la voz en esperanza que vive adentro de los muros del templo, encuentre un resquicio por donde salir al encuentro de los corazones cristianos, además de hacerse eco en un mundo terrenal que, peligrosamente, parece haber embrutecido la razón y perdido el rumbo.
En la ciudad vieja y santa de Jerusalén no hay peregrinos. Los hoteles están ocupados solo por periodistas de todo el mundo que han llegado para informar de las desventuras que a tan Santo Lugar y en tan Santa Semana ha llevado la guerra. También de ese silencio claustral que se ha enquistado en todos los santuarios. Una realidad que los franciscanos viven con tristeza, pero sin perder la esperanza de que llegue pronto el día en que dejen de sonar las sirenas y las detonaciones. ¡Qué espantoso resulta para el oído humano tener la guerra tan cerca aun viviendo tan lejos! Mi entrañable amistad con fray Enrique Bermejo, franciscano de Cantalapiedra que vive en Jerusalén desde hace cincuenta años, me ha permitido sentir un estremecimiento distinto al que siento cuando veo la guerra por televisión. Hablamos telefónicamente con frecuencia, más quizás ahora por la extrema situación. Y yo le hablo de lo que sucede en Salamanca y él me habla de lo que acaece en Jerusalén. Y así fue cómo en una de estas conversaciones nuestras se me metió la guerra, en vivo, por la oreja. Primero un pitido en su móvil avisando de que el mal se acercaba por los cielos; luego las sirenas rompiendo sin cesar el aire, y, pocos instantes después, varias detonaciones sucesivas, ocho, tal vez diez, porque el miedo casi no me dejó contarlas. Mi amigo, todo lo más que hizo fue alejarse de la ventana y seguir charlando conmigo, con sorprendente serenidad. Los franciscanos de Tierra Santa están acostumbrados a vivir en tierra de conflictos, sin perder nunca la esperanza de que ¡paz y bien! sea una voz unánime y sin fronteras. A falta de la alegría de los peregrinos, todo lo que piden es que no dejemos de pensar la tierra de Jesús y abrazarla en oración. Que toda la Salamanca cofrade sea un mismo himno cristiano de esperanza. Feliz Pascua de Resurrección.
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