Visit Rwanda
De 1994, además de la fuga de Roldán y la de Kurt Kobain, recuerdo la matanza de los tutsis. En pocas semanas saltamos del desconocimiento, porque nadie sabía dónde diablos se encontraba el dichoso país ni tampoco por qué se había liado tremendo carajal, a conocer con detalle la historia de aquella república centroafricana. Aunque habría mucha tela que cortar, el resumen breve sitúa al colonialismo belga en el ojo del huracán. Primero favoreciendo la minoría tutsi hasta que, tras la independencia del país (1961), cambian de bando y apoyan a la mayoría social hutu que controla las nuevas instituciones.
Este abril se cumplen treinta y dos años del genocidio. De aquellos lodos quedan monumentos y cicatrices, y una buena dentellada en la pirámide poblacional, pero -sin profundizar demasiado- parece que lo ocurrido queda muy lejos. Que ya pasó. Que está olvidado. Ahora Ruanda es famosa por sus cafés de especialidad, por ser un destino turístico repleto de naturaleza y -sobre todo- porque se anuncia en las camisetas de futbolistas de las principales competiciones europeas. Las plantillas del Athlético de Madrid, el Bayern, el PSG o el Arsenal lucen el «Visit Rwanda» mientras patean por el campo.
Hace algunos años que se cuelan -a través de la pantalla- esos sutiles mensajes turísticos. Los tenemos discretos como el «Galicia Calidade» y después están los de primera división: Visit Abu Dhabi, Dubai, Qatar,... Ir a cualquiera de estos destinos es prohibitivo para la mayoría de los aficionados, tanto los que disfrutan desde el bar como los más afortunados en el estadio.
Sin embargo, quizás tampoco sea esa la última intención sino, más bien, limpiar (lavar) la imagen del país, de la ciudad. Porque, con la mano en el corazón, qué siareiro afouto mirará con recelo a ese patrocinador fiel que año tras año, firma otro cheque con muchos ceros. Ninguno.
De los petro-absolutismos de Oriente Medio, nada que objetar. A estas alturas ya son como de casa. Tanto pueden cortarte las manos, o la cabeza, como organizar un mundial de fútbol. Son los verdaderos artífices del moderno sportswashing, o «blanqueo deportivo». Consiguieron desde principios de siglo dulcificar su imagen; incluso que los miremos con buenos ojos aunque se la soplen la igualdad y los derechos humanos, y -en su territorio- libertad política y sindical brillen por su ausencia. Y que así permanezca muchos años, mientras siga fluyendo el dinero.
En cambio, ¿Ruanda? Estaremos alimentando -sin saberlo- algún conflicto regional y será otro régimen turbio al que bendecir; o acabaremos cargándonos miles de hectáreas de selva sólo para potenciar un turismo insaciable. Aunque de nada sirven estas dudas si antes, cuando le preguntaste a tu afición aquello de: ¿a ti te importa de donde venga la pasta?, ella dijo no.
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