Fallo de la incautación de la Lonja
En varias ocasiones expusimos el hecho de la incautación de la Lonja Municipal, y hoy queremos hacer un resumen de tan importante hecho, con la información que el historiador don José Torres Martínez, hace, en su libro sobre la Historia de Marín.
Por parte de la corporación municipal, presidida por el gran alcalde, que fue, don José del Río Paredes, deciden, por unanimidad, realizar la incautación de la Lonja, basada en el incumplimiento de la concesionaria y en la nulidad de la concesión en 1909 y 1915, por no haberse efectuado en subasta pública, incautarse de la Lonja, en la sesión municipal del 3 de diciembre del año 1922.
Se hace efectiva a las 3 de la tarde de aquel mismo día. El pueblo marinense alababa la acción y se creó un clima de general optimismo y esperanza, porque se abría para el municipio una nueva perspectiva, dejando atrás la penuria de tantos años.
Pero, sin embargo, no pecaron de confiados, ni inconsecuentes, e inmediatamente, crearon la Junta Local de Defensa, en previsión de lo que pudiera pasar, ante la decisión de un alcalde de extraordinario valor cívico. Todo bajo la dirección del extraordinario marinense, don Raimundo Vidal Pazos, verdadero propulsor del movimiento de las fuerzas vivas en defensa de la llamada reconquista económica de nuestro municipio.
Y de inmediato se realizó el primer acto público en el Salón Quiroga, el domingo siguiente, en la que se declaró solemnemente la adhesión, de todo el pueblo, a la decisión de la Corporación Municipal.
Al tiempo que se preparó la Gran Manifestación, sobre Pontevedra para el día 22 de enero de 1923, con más de cinco mil marinenses, que algunos medios la subieron a 10.000, que hicieron a pie los siete kilómetros. Y se presentaron ante el Gobierno Civil, causando una fuerte impresión por las calles de la capital. De la que se hizo eco toda la prensa gallega, y aún la madrileña, que como ejemplo podemos decir que el diario ABC publicó en la portada una gran fotografía, a toda plana, de la cabeza de la manifestación entrando en la Plaza de San José, de la capital.
Poco tiempo después, el 6 de marzo del año 1923 se produce otra manifestación a Pontevedra, pero más reducida, formada por representaciones de las entidades y fuerzas vivas, para urgir el fallo sobre la petición, haciendo presente nuestro alcalde, ante la Autoridad provincial, que declinaba toda responsabilidad por las consecuencias que pudieran derivarse de la situación de expectativa que había en la Villa de Marín, ante el fallo que deseaba.
Y el fallo no se hizo esperar, pues pocos días después, el 11 de marzo de 1923, se hace público el fallo sobre la incautación de la lonja, dictado por el Tribunal provincial, que es enteramente favorable al Municipio, confirmando la legalidad de la incautación, del que celebramos hoy el ciento tres aniversario.
La noticia se divulgó como un reguero de pólvora, por todo el municipio, y hasta los rincones más apartados. En Marín, las campanas de la Iglesia, repicaban continuamente, las salvas de bombas atronaban el espacio, la banda de música recorría las calles interpretando alegres melodías. Y al tiempo se engalanan ventanas, balcones que se cubren con colgaduras, y se montan artísticas iluminaciones, una en la Torre del reloj, y en las sociedades recreativas, en la misma Lonja, se exterioriza la alegría popular, y con tal motivo la corporación municipal declara día festivo local.
Pero el pleito no terminaba aquí, pues los antiguos concesionarios recurrieron al Tribunal Supremo.
Y es otro alcalde, de gratos recuerdos para los marinenses, por su extraordinaria labor realizada, a quien le tocaría conocer el fallo definitivo, pues estando en Madrid, don Ezequiel Massoni, haciendo importantes gestiones para Marín, en los primeros días de diciembre de 1925, es decir tres años después de su incautación, comunicó la gran noticia de sentencia definitiva del Tribunal Supremo, que era enteramente favorable para nuestro Ayuntamiento.
Y así, el diario FARO DE VIGO en su periódico del 19 de diciembre, da la esperada noticia, que produjo general satisfacción y alegría entre los marinenses, que exteriorizaron espontáneamente, con verbenas, iluminaciones, bailes y otras muchas manifestaciones de júbilo.
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