El Ángel de la plaza
Ángel muestra con orgullo un dibujo y una emotiva nota que le entregó una adolescente a la que vendió chuches desde que era niña. / M. Méndez
Hace treinta años uno iniciaba su andadura en FARO DE VIGO y empezaba a cambiar para siempre los aires de la villa de Castelao por los de Vilagarcía, aquella ciudad a la que siendo niño se desplazaba junto a sus abuelos o su padrino, algún que otro martes o sábado, para acudir al mercadillo ambulante, hacer gestiones en el ISM, arreglar ropa en una costurera que trabajaba en su casa –en las galerías donde antiguamente se situaba Zara– y, por supuesto, para tomar el pulpo «á feira» en el desaparecido bar Noia, donde ahora está El Flaco.
Que lejos quedan ya aquellos desplazamientos que se hacían por la ría a bordo de la pequeña motora de la familia Cambeses, fundamental para los vecinos en los años ochenta, pues unía Arousa Sur (O Salnés) con Arousa Norte (Barbanza), y viceversa, antes de que se consolidaran las comunicaciones por carretera y de que existiera el puente que cruza sobre el río Ulla entre Rianxo y Catoira. ¡Pero esa es otra........
