Made in Europe, la clave para preservar la industria
Imagen aérea de automóviles recién fabricados aparcados / FDV
Durante décadas, Europa ha defendido un modelo económico basado en la apertura comercial, la especialización y la competencia global. Ese modelo funcionó, y contribuyó a generar prosperidad, innovación y empleo. Sin embargo, el contexto internacional ha cambiado profundamente: Estados Unidos impulsa su industria local mediante aranceles y leyes como la Inflation Reduction Act (IRA), China protege y subvenciona masivamente sectores estratégicos, y las tensiones geopolíticas han demostrado que depender excesivamente de proveedores externos puede convertirse en una grave vulnerabilidad económica y política. En este nuevo escenario, Europa se enfrenta a una pregunta decisiva: ¿podemos seguir siendo una potencia industrial sin producir en nuestro propio territorio una parte significativa de los bienes que consumimos?
La respuesta parece cada vez más clara. Si Europa quiere conservar su capacidad industrial, su empleo cualificado y su autonomía tecnológica, debe poner en valor el concepto «Made in Europe», y debe hacerlo ya, porque la industria europea se encuentra en un momento crítico. Y no se trata solo de un porcentaje más del PIB. Detrás de cada fábrica existe una red de proveedores, centros tecnológicos, universidades, empresas logísticas y empleos de alta cualificación. Cuando una planta cierra, rara vez desaparece una sola actividad; se debilita un ecosistema completo, y el sector de la automoción es probablemente el mejor ejemplo. Durante décadas ha sido uno de los pilares de la economía europea. Sin embargo, la electrificación y la competencia china están sometiendo al sector a una presión sin precedentes. Europa corre el riesgo de repetir un fenómeno que ya ha vivido en otras industrias: mantener el diseño, la ingeniería o las marcas mientras pierde progresivamente........
