Implicancias económicas de El Niño
El fenómeno de El Niño es más que un evento climático para países como el Perú, además de ser una prueba del estrés periódico a nuestro modelo de desarrollo, planificación urbana y a la manera de relacionarnos con la naturaleza. En el Perú, los Niños fuertes recientes –incluido el Costero 2017– han significado lluvias extremas, desbordes de ríos y destrucción de infraestructura en la costa norte, con graves impactos en salud, vivienda y actividad productiva. Pero sobre todo un impacto directo en el PIB y recesión, pues el FEN puede generar una caída significativa en el crecimiento económico, siendo Perú y Ecuador los más afectados. Estudios indican que un “Mega Niño” puede restar puntos porcentuales al PIB, exacerbando recesiones. Debido a las intensas lluvias y sequías que destruyen los cultivos, el impacto recae en la reducción de la oferta de productos, lo que eleva los precios al consumidor (inflación). Junto a ello, varios sectores como el de agricultura y pesca sufren debido a que el calentamiento del mar profundiza la anchoveta, reduciendo su disponibilidad y afectando la producción de harina y aceite. En la agricultura, se pierden hectáreas cultivables, la infraestructura de los canales de riego y se dificulta la siembra, especialmente en el norte peruano. Ciertamente, el Niño no solo deteriora carreteras, puentes y viviendas; erosiona también el crecimiento a futuro. A escala global, se ha estimado que eventos extremos como los de 1982–83, 1997–98 o 2015–16 han generado pérdidas acumuladas de varios billones de dólares y reducciones persistentes en el crecimiento del PIB de diversos países, incluso años después del shock. En el caso peruano, simulaciones específicas muestran que un evento extremo puede desplazar el PIB anual hasta un 2,8 % a la baja y aumentar la pobreza cerca de 2 puntos porcentuales, y que los efectos agregados a diez años siguen siendo negativos si la infraestructura no se vuelve más resiliente. Para los países afectados, el FEN obliga a desviar recursos públicos hacia la emergencia y reconstrucción, afectando el déficit fiscal, dándose una ineficiencia en el gasto público de emergencia, con baja ejecución en sectores clave como agricultura. También la salud se afecta, pues los desastres naturales derivados del FEN aumentan la inseguridad alimentaria y problemas de salud (dengue, malaria), lo que a su vez incrementa los costos sociales. Los investigadores señalaron que con el aumento de las emisiones de dióxido de carbono y El Niño con mucha intensidad, hay un 66 % de posibilidades que el planeta rompa el límite de aumento de temperatura de 1,5 grados centígrados hacia 2027. Otros impactos, en la economía de los países, serán los daños en la infraestructura por las fuertes inundaciones, que producirían una irrupción en la cadena de suministro de alimentos. El mensaje es incómodo pero claro: en un clima que se calienta, la variabilidad tipo El Niño se vuelve más costosa y, posiblemente, más intensa. Seguir tratando cada evento como algo que nos sorprende es una forma de negacionismo práctico. Las ciencias del clima permiten pronosticar El Niño con meses de anticipación y caracterizar sus riesgos hidrometeorológicos y económicos, queda en los gobernantes saber planificar y tomar medidas a tiempo.
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