Impacto de la apertura comercial en la informalidad
Muchos analistas económicos en el Perú han sostenido durante años que la apertura comercial y la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) provocan pérdida de empleo formal y un aumento inevitable de la informalidad. Del mismo modo, se ha defendido que elevar el salario mínimo, incrementar los sobrecostos laborales o mantener una legislación rígida no impulsa la informalidad, sino que protege la estabilidad laboral y garantiza mejores ingresos para la población.
Sin embargo, un reciente artículo publicado en Econométrica “Trade and Domestic Distortions: The Case of Informality” desmonta estas creencias: demuestra que, en economías con altos costos laborales y débil fiscalización —como las latinoamericanas— la apertura comercial bien diseñada tiende a reducir la informalidad, mientras que los sobrecostos laborales excesivos y un salario mínimo por encima de la productividad real empujan a empresas y trabajadores hacia el sector informal. Esta evidencia obliga a repensar el debate peruano y a observar con mayor rigor las dos fases que ha vivido el país desde 1990: una primera etapa en la que la apertura coincidió con un aumento de la informalidad y una segunda en la que, pese a mayores costos laborales, la consolidación de los TLC ha contribuido a su reducción. En esta entrega aplicamos los resultados del caso de Brasil estudiado en el artículo de Econométrica a la economía peruana y demostramos su validez.
Situación antes de los TLCs
Durante los últimos treinta años, el Perú ha vivido una transformación económica profunda, marcada por dos momentos claramente diferenciados. El primero, a inicios de los años noventa, estuvo dominado por un cambio del modelo económico y una apertura comercial abrupta que coincidió con un aumento significativo de la informalidad. El segundo, desde mediados de los años 2000, se caracterizó por la firma de Tratados de Libre Comercio que consolidaron la integración del país a la economía global y, paradójicamente, dieron paso a una reducción gradual de la informalidad, aun cuando los sobrecostos laborales aumentaron y el salario mínimo creció por encima de la productividad de amplios segmentos de la fuerza laboral.
Esta trayectoria, que a primera vista parece contradictoria, puede entenderse mejor a la luz de investigaciones recientes sobre la interacción entre comercio internacional y distorsiones internas. El estudio publicado en la prestigiosa revista Econométrica sobre el caso brasileño sostiene que la informalidad surge cuando las empresas enfrentan “impuestos gravosos y regulaciones del mercado laboral que se aplican de manera imperfecta”. En otras palabras, la informalidad no es solo un problema de pobreza o de cultura empresarial, sino el resultado de un sistema donde los costos de cumplir la ley superan la capacidad real de las empresas para asumirlos.
El Perú de los años noventa encajaba perfectamente en esta descripción. Tras décadas de proteccionismo, el país redujo drásticamente sus aranceles, eliminó barreras no arancelarias y abrió su economía a la competencia global. Pero lo hizo en un contexto donde la productividad era baja, la estructura empresarial estaba dominada por microempresas, los costos laborales formales eran elevados y en medio de una reducción drástica del empleo público. La apertura comercial llegó antes que la modernización productiva, y el resultado fue un aumento inmediato de la informalidad.
Las empresas formales, especialmente en agricultura, manufactura y comercio, enfrentaron una competencia externa para la que no estaban preparadas. Muchas no pudieron sostener los costos de EsSalud, CTS, gratificaciones, vacaciones pagadas y las indemnizaciones por despido.........
