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El Niño severo se avecina

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21.06.2026

La historia climática del Perú tiene una cualidad inquietante: siempre vuelve. A veces con la fuerza de un recuerdo doloroso, otras con la violencia de un golpe inesperado. Hoy, a pocos meses de que termine 2026, las señales que llegan desde el Pacífico ecuatorial son inequívocas. Las anomalías térmicas registradas por la NOAA y otras agencias internacionales muestran un patrón que se parece demasiado al que precedió al devastador Fenómeno del Niño de 1997-1998. Y, como entonces, el país se encuentra ante una disyuntiva que definirá no solo la magnitud de los daños, sino también la capacidad del Estado para proteger vidas, infraestructura y estabilidad económica: actuar ahora o lamentar después.

La memoria institucional del Perú es frágil. En 1997, el gobierno de Alberto Fujimori, con Alberto Pandolfi al frente de la Comisión Multisectorial del Fenómeno El Niño, ejecutó un conjunto de obras preventivas que, aunque no evitaron los estragos naturales, sí mitigaron de manera decisiva su impacto.

En 2017, por el contrario, el llamado Niño Costero encontró al país desprotegido, pese a que las advertencias habían sido claras desde 2015. La falta de previsión, la descoordinación y la ausencia de liderazgo técnico derivaron en una tragedia que dejó miles de damnificados y un costo económico que aún se siente.

Hoy, con un nuevo episodio del Niño en gestación, la pregunta no es si ocurrirá, sino cuán severo será y si el Perú está preparado para enfrentarlo. La respuesta, lamentablemente, es evidente: no lo está. Y el tiempo se agota.

El Fenómeno del Niño: una definición necesaria para entender lo que viene

Para comprender la magnitud del riesgo que enfrentamos, es indispensable recordar qué es exactamente el Fenómeno del Niño y cómo se mide. La NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) divide el Pacífico ecuatorial en cuatro zonas de monitoreo de temperatura superficial del mar: la zona 1 2, ubicada frente a las costas de Ecuador y Perú; la zona 3, más hacia el centro-este del Pacífico; la zona 4, hacia el oeste; y la zona 3.4, que es un promedio ponderado de las zonas 3 y 4. Esta última es la referencia internacional para declarar oficialmente la presencia de un episodio de El Niño o La Niña.

La clave para detectar su presencia está en la anomalía térmica: la diferencia entre la temperatura observada y el promedio histórico del mismo mes. Cuando la anomalía en la zona 3.4 supera los 0.5°C durante al menos cinco meses consecutivos, se declara la presencia del Niño. Cuando cae por debajo de -0.5°C, se declara La Niña. Este indicador ha sido útil para predecir patrones globales, pero tiene una limitación crucial para el Perú: no incorpora la zona 1 2, que es precisamente la que determina las lluvias torrenciales en nuestra costa. Pero existe una correlación de antecedencia entre lo que pasa en la zona 3.4 y la zona 1 2 como se muestra en el gráfico adjunto.

Esto significa que el Perú enfrenta un riesgo particular: puede haber lluvias devastadoras en la costa incluso cuando la zona 3.4 indica condiciones neutras. Así ocurrió en 1997 y así ocurrió en 2017. Y así puede volver a ocurrir ahora especialmente por el incremento acelerado de la anomalía en la zona 3.4 (esta por encima de los 0.5 °C desde mayo) que apunta a que se avecina un Niño muy fuerte a escala global. La mayoría de los modelos de predicción apunta que en septiembre de este año se cumplirán los cinco meses con anomalías por encima de los 0.5 grados °C y estas llegarían a superar los 2 grados °C lo que denotaría la presencia de un Niño muy fuerte similar al que ocurrió en 1997.

Las similitudes inquietantes entre 1997-1998 y 2026

La historia climática no se repite, pero rima. Y las rimas actuales son demasiado familiares. Las anomalías en la zona 1 2 han mostrado desde inicios de 2026 un comportamiento ascendente, con picos que recuerdan a los registrados en 1997. La NOAA ha advertido que la persistencia de estas anomalías, combinada con el calentamiento global, podría amplificar los efectos del Niño en la región andina y costera del Perú.

En 1997, la anomalía en la zona 1 2 comenzó a elevarse de manera abrupta a mediados de año, anticipando las lluvias que llegarían meses después. En 2026, el patrón es similar: un calentamiento rápido, sostenido y desconectado del comportamiento de la zona 3.4. Esta desconexión es precisamente la señal más peligrosa, porque indica que estamos ante un Niño potencialmente severo.

Cada vez que ocurrió un fenómeno del Niño........

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