La lectura
Recientemente participé en una reunión de padres de familia en la academia de fútbol de mi hijo de 11 años, cuyo director nos dio una charla en la que además de recordarnos los beneficios que da el deporte; es decir disciplina, madurez, compromiso, entre otras que favorecen la vida de los jóvenes y niños fundamentalmente; nos aconsejó que incentiváramos la lectura en nuestros hijos tanto o más que la actividad física. Al escuchar esas palabras, vinieron a mi mente los recuerdos de mi niñez vinculados a aquella práctica virtuosa. Mi madre, María Amalia, me insistía cuando tenía poco más de 12 años: “Lee, hijo, lee”. Recuerdo que un día, al ver que no había mucho resultado en su propósito, puso en mis manos un libro y me dijo con firmeza: “Lo lees”. Entonces hubo que acatar los designios de María Amalia. Una de las cosas que más le agradezco es haber perseverado en ello logrando que me interesase en la lectura. Han pasado más de 40 años de ese momento y puedo decir con mucha satisfacción que durante este tiempo trascurrido he leído -y aprendido-muchísimo. Ese libro que me dio mi mamá -que tomó de la biblioteca de mi abuela Iris- fue una novela de la célebre escritora británica Agatha Christie, titulada “El asesinato de Roger Ackroyd”. En sus páginas pronto fui atrapado por los tentáculos de un suspenso novedoso para mí, que se iba incrementando a cada párrafo con los........
