La brecha de género en la era de la Inteligencia Artificial
La brecha de género en la era de la Inteligencia Artificial
Durante años dimos por hecho que la tecnología operaba bajo una lógica objetiva, ajena a los sesgos de la vida cotidiana. Se entendía como un espacio técnico, donde las decisiones se tomaban con base en datos y no en percepciones. Sin embargo, a medida que la Inteligencia Artificial (IA) empieza a formar parte de procesos cada vez más presentes —desde lo que vemos hasta cómo se toman ciertas decisiones—, esa idea comienza a matizarse.
Pero esa idea de objetividad tiene un punto de partida que no siempre se hace visible. La IA aprende de datos, de decisiones previas y de patrones históricos que reflejan cómo funciona el mundo hoy. Y ese mundo, como sabemos, está lejos de ser neutral. No es casualidad que distintos organismos internacionales hayan advertido que estos sistemas pueden reproducir —e incluso amplificar— desigualdades de género ya existentes.
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En la práctica, esto no siempre se percibe de forma directa, pero empieza a reflejarse en lo cotidiano: en los perfiles que se priorizan, en cómo se entienden ciertos roles o en los contenidos que se vuelven más visibles. No es algo nuevo. Son patrones que ya estaban ahí y que, al pasar por estos sistemas, tienden a repetirse.
El punto de fondo, entonces, no es solo técnico. Es de origen. ¿Quién........
