“Batalla cultural”, encasillamiento y otras lacras antifilosóficas
Algo se incuba, entre la tempestad y la incertidumbre. Una frontera negra subyace a lo contingente. Si acaso un último desfondamiento conceptual, cuya potencia ha ido vaciando el lenguaje, las imágenes, el pensamiento y la capacidad de lectura.
La realidad es oscura de suyo: opone una resistencia a ser conocida en su sustancia. Así las cosas, una posibilidad de entender la filosofía es concebirla como forma de vida en busca del conocimiento, el autoconocimiento y el desarrollo de la capacidad de conciencia, cuyo ejercicio implica, entre otros deberes:
Escrutar los fenómenos de la realidad tal cual se presentan, con sus contradicciones y anomalías.
Hacerse cargo del peso de las propias palabras y acciones, a través del discernimiento.
Por consiguiente, la filosofía no es adoctrinamiento, ni activismo político, ni entretención, sino energía en movimiento: un proceso cuyo fondo obedece a su propia naturaleza e irradiación. Su elucidación requiere libertad para examinar los fenómenos de la realidad, las líneas del acontecer, y el misterio subyacente a su manifestación. Lo contrario corresponde a la decadencia y marasmo de la filosofía.
En consecuencia, está lejos de ser un ejercicio ajeno a la angustia y la perplejidad, realizado desde una serena instalación, conforme a las caricaturas de la filosofía masificadas como un producto de consumo más.
Sin embargo, la capacidad de establecer una conexión con los duros hechos de la realidad se extingue, en favor de hábitos antifilosóficos legitimados hasta en los ámbitos académico y artístico. Éstos son los principales:........
