Ahora que nos odiamos tanto
Se escribirá mucho estos días sobre la intrahistoria y cómo se gestó y aceleró la decisión de Pedro Sánchez de adelantar las elecciones casi nueve meses. Ya no es posible saber si hubiera habido un momento mejor. Sánchez ha entendido que este era el momento y hay muchas razones para pensar que acierta. Están las políticas, las judiciales, las sociales, las orgánicas y las que tienen que ver con el propio ciclo de gobierno, después de ocho años y cuatro meses en la Moncloa.
El peso de la votación. Los decretos de vivienda ya eran clave en julio. Y ante la imposibilidad de aprobar los Presupuestos, eran el último gran acuerdo de la legislatura. Las medidas que el Ejecutivo necesitaba para lucir bandera social y continuar hasta 2027. El golpe de Junts —el Ejecutivo pensaba que salía— ponía en evidencia la debilidad de Sánchez. Sin reales decretos, se quedaba sin oxígeno. Enterrado en el mantra de la imposibilidad de gobernar y su resistencia a convocar. El golpe de efecto de aprobar el texto del decreto con cambios en la Diputación Permanente revela su importancia.
Votar con la calle encendida. El Gobierno era consciente de cómo le interpelaba la acampada de protesta en Sol. Un revival del 15M que podía volverse en su contra. El adelanto cristaliza ese malestar social y le da la vuelta a su favor. Apoyar a Maricarmen, nombrar así el decreto, fue valorado por el Sindicato de........
