Chocolate y limón
Normalmente, los que menos se dan cuenta de un cambio son aquellos que lo están viviendo. El día a día nos engulle y, de repente, no sabes cómo, ya ha terminado otro curso. No hace falta que sea 31 de diciembre para darnos cuenta de esta vertiginosa velocidad de crucero que lleva la vida. Con la llegada del calor hay una sensación parecida y contradictoria: de la alegría de un nuevo verano a la constatación de que somos un año más viejos (y suerte de seguir siéndolo). El verano llegó ayer y, mirando la agenda e intentando encajar los planes con todo el mundo con quien queremos quedar, ya parece que estamos en la Diada. Como decía Pere Calders: "Nací anteayer y ya estamos pasado mañana".
Precisamente porque acabamos revueltos dentro de esta centrifugadora que es el ritmo de la actual sociedad, va bien aferrarse a las cosas que no cambian —pequeñas brújulas— y el verano nos proporciona unas cuantas: volver al pueblo, quedar con los amigos........
