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Señales de vida

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19.03.2026

Todo es aún muy incipiente, pero empieza a notarse un progresivo abandono de la travesía del desierto espiritual provocada por el régimen del 155. No hay que hacerse demasiadas ilusiones ni inaugurar un entusiasmo precipitado, pero las señales son bastante evidentes y resulta totalmente imposible que sean testimoniales, simples excepciones, rarezas del paisaje. Creo que podemos identificar estos síntomas (insisto, todavía muy verdes) en acontecimientos de los últimos meses, o incluso semanas, que abarcan el ámbito de la política, de la cultura y del deporte. Para volver a nacer hay que haber muerto antes, como apuntan las próximas fechas pascuales, y diría que, en estos ámbitos, ya se perciben con claridad patadas dentro del ataúd. Un nuevo vientre que es nuevo y no tan nuevo: hablamos de réplicas actualizadas, nuevas versiones mejoradas, incluso posibles sustituciones, pero con una raíz ya conocida e identificable, que indican, en todo caso, que el invierno empieza a retroceder y la naturaleza no tiene más remedio que abrirse paso. La manera en que se abriría paso no podíamos adivinarla. Qué cosas se salvarían del pasado, tampoco. Pero sí que era cuestión de tiempo que el alma del país se materializara con un nuevo esplendor y en clara contraposición a la mediocridad asfixiante, perversamente “pacificadora”, que ha intentado invadirlo. No era algo evitable: era cuestión de tiempo. Pero cuando la primavera por fin parece asomar, conviene observar qué forma adopta esta vez.

En política, lo que era ilusorio era esperar que un conflicto mal “resuelto”, o mal intentado enterrar (en todo caso, apartado e ignorado de forma humillante), no derivara en un cambio de la sociedad hacia posturas más rotundas, más inflexibles. Esto tiene una parte tóxica y una parte positiva: la........

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