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Tener la cuerda siempre tirante

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23.06.2026

Poco antes del 1 de octubre publiqué un artículo en este diario que trataba de describir, a través de la gente de mi alrededor, el efecto que la posibilidad de imaginar la independencia había creado en el estado de ánimo del país. Incluso en Twitter, que siempre es un lugar difícil, el personal parecía más inteligente y mentalmente estable. Los catalanes habíamos bajado la guardia y eso nos permitía subir el listón de la imaginación y del pensamiento. Después vino el batacazo y muchas de las personas que se habían sentido valientes y se habían aflojado el cinturón de la ironía y el sarcasmo se ahogaron en un mar de cinismo depresivo.

Estamos en el último tramo de esta espiral oscura, y la misma euforia enfermiza que no dejaba ver nada que no fuera positivo antes del 1 de octubre cae en forma de desprecio sobre Aliança Catalana. Muchos de los que se equivocaron al final del procés comprando la parafernalia antifascista para digerir el alcance del desengaño están tan cabreados, y tan en falso, que necesitan un chivo expiatorio como el aire que respiran. La misma euforia que en los momentos álgidos del procés hacía que no pudieras criticar a los partidos sin recibir los insultos más bestias, ahora hace que una parte del país se cierre en banda, justo cuando ya se ha hecho el trabajo más difícil.

Ahora que el país ha roto los espejitos que le impedían renovarse y puede lanzar por la ventana la cultura política de la autonomía, reaccionarios de todos los colores intentan hacer de Aliança Catalana un pretexto para impedir que el tren vuelva a arrancar. El partido de Orriols es ideal para resucitar la vieja polarización entre liberales y carlistas, o entre izquierdas y derechas, que tantos réditos ha dado al centralismo. El procés se hizo banalizando los valores liberales —recordémoslo— para aprovechar de........

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