¿Qué votamos?
A dos meses, a todo tardar, de las elecciones generales, sigo teniendo verdaderos problemas para saber a quién regalaré mi voto como ciudadano comprometido con la democracia. Evidentemente, quedan excluidos de mi tablero todos los partidos catalanófobos y todas sus sucursales, entre los que no incluyo al PSOE porque, a pesar de tener verdaderos requetés ideológicos, como García Page, considero a Sánchez el político con más carisma del panorama español y no creo en el "cuanto peor, mejor" que tanto abogan los suicidas del independentismo. Lamentablemente, no milito en el voto útil y, revisando mi historial —empecé con el "No a la OTAN"—, mi trayectoria como elector me ha convertido en un pésimo jugador de póker político. Me encanta votar y perder, porque ganar debe ser la hostia.
Solo he militado en un partido político y fue en ICV cuando lo encabezaba Rafael Ribó, pero en aquellos años era una formación muy distinta a la que más tarde se integró en los Comuns hasta fagocitarlo y apostar por el multiculturalismo debido a una extraña aversión al catalanismo, por considerarlo burgués. Toda la retahíla de militantes de ICV que se agarraron al salvavidas de la formación encabezada por Ada Colau para poder pagar el alquiler de la sede bebían más de la ideología constitucionalista liderada por el ínclito Joan Coscubiela que de la de los supervivientes del carrillismo que fundaron Iniciativa. Mi militancia duró lo que duró mi secretario general, y........
