Las mujeres iraníes no necesitan salvadores
Las mujeres iraníes no pidieron esto. Pedían el fin de la policía moral, el derecho a elegir su vestimenta, igualdad ante la ley y el fin de la impunidad estatal. Lo venían diciendo desde las calles, desde las cárceles, desde la rebelión de los velos que dio origen al lema “Mujer, Vida, Libertad” como grito por la libertad política y los derechos fundamentales frente al autoritarismo. Un movimiento de mujeres que surgió en 2022 como una respuesta directa a décadas de opresión contra ellas y la imposición obligatoria del hiyab. Cuando los ataques aéreos de las fuerzas israelíes y estadounidenses comenzaron en todo Irán el pasado 28 de febrero a las 9:45 (hora local) nadie les había preguntado si querían esas las bombas que están cayendo sobre las escuelas de sus hijas e hijos, sobre sus familias, sobre sus vidas. Las que reducen a escombros sus hogares. Las que están asesinando a su gente y a ellas mismas.
Ellas son el pretexto. Las bombas de Israel y de Estados Unidos no caen en su nombre. Porque la violencia no se detiene con más violencia. Netanyahu invocó precisamente el lema “Mujer, Vida, Libertad” para justificar esos bombardeos y Trump habló de rescatar al pueblo iraní de la opresión. Lo que esta guerra produce no es la liberación de las mujeres iraníes, sino más precariedad, más destrucción y más violencia sobre ellas y sobre el conjunto de la población civil. El lema que nació del asesinato de Jina Mahsa Amini está siendo mancillado por los soldados israelíes que lo escriben en sus armas, no lo están honrando: lo están profanando. Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz, lo ha dicho sin ambigüedad, los derechos de las mujeres iraníes no se conquistan con bombas. Se conquistan desde dentro, con las mujeres iraníes como sujeto, no como símbolo. Esa es la diferencia entre el feminismo como práctica política y el feminismo como coartada geopolítica.
