Contra la indiferencia
El 23 de agosto de 1969, Max Aub vino a España. Lo de vino es relevante, porque acota exactamente el terreno de sus intenciones: “Vengo –digo–, no vuelvo. Es decir, vengo a dar una vuelta, a ver, a darme cuenta, y me voy”. En teoría, necesitaba recopilar información para Luis Buñuel, novela; en la práctica, y como bien afirma Manuel Aznar Soler en su prólogo a La gallina ciega, quería “cerciorarse de que era imposible volver”. No se engañaba a sí mismo. Sabía que su patria ya no existía, y que lo único que quedaba de ella eran las paredes, los árboles de sitios que ni “varían ni cambiarán” (la Casa de Campo, el Pardo, etcétera) y, desde luego, la que los exiliados se fabrican “en el aire”, como le escribió María Teresa León en una de sus cartas: La amistad, patria de los sin patria, frase y título a la vez de uno de los epistolarios de la impresionante ‘Biblioteca del exilio’, una de las mejores colecciones que se hayan hecho nunca en nuestro país.
Quien lea hoy el resultado literario de aquel viaje de Max Aub se puede llevar una sorpresa con muchas de las afirmaciones que contiene. Descontados unos cuantos nombres del mundo de la cultura y la política, las páginas de La gallina........
