Entre la vacuidad y la pirotecnia, la subordinación
A veces, solo a veces, hay cosas de la política que se entienden mal o directamente no se entienden. Y a veces, solo a veces, hay una responsabilidad de quienes cumplen el papel de intermediarios entre quienes orbitan la vida pública y los ciudadanos, es decir de los periodistas. Los políticos se han convertido en los verdaderos protagonistas de los medios de comunicación. Fulano dice. Mengano hace. Zutano acusa. Sin embargo, rara vez sus palabras aportan algo que pueda acercar a sus políticas.
El discurso/mensaje de hoy nos conduce más allá de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman y nos convierte a diarios, radios y televisiones en partícipes de una dinámica francamente incomprensible. A cada declaración, un titular enunciativo sobre alguien o algo que rara vez desarrolla, argumenta, explica o contextualiza. Una sucesión, en definitiva, de declaraciones donde el protagonismo es de quien habla, y no de lo que hay detrás de sus palabras o sus actos. Es lo que se conoce por periodismo declarativo, una sucesión sin más de sonidos sobre lo que los políticos dicen de ellos mismos o de sus adversarios sin trascendencia alguna para los ciudadanos.
