Esos hombres buenos fascistas
Hace poco más de un año, se sentó a mi lado en el tren un señor mayor que iba leyendo un artículo científico en inglés. Yo acababa de salir de una gripe y aún tosía como si guardase un perro aferrado al pecho, ante lo cual el hombre reaccionaba con inquietud: se meneaba en la butaca, me miraba de soslayo… Ya no pude más y le dije: “usted es médico”; cuando me preguntó cómo lo había adivinado le respondí que el contenido del artículo y su preocupación mal disimulada por mi salud lo delataban. Fue ese el comienzo de una larga conversación tan agradable que no he olvidado los detalles: estaba a punto de jubilarse, y había desarrollado una carrera académica deslumbrante, en varios........
