La grandeza de un corazón noble
Si recordar es vivir y no morir jamás, Nabil nos deja recuerdos entrañables, llenos de humor, anécdotas y experiencias compartidas. Fuimos un verdadero clan de primos que creció unido, entre la casa de los abuelos y el horizonte marino como telón de fondo. Allí aprendimos a hacernos a la mar, a corretear olas y a soñar con ese mundo que nos hablaba de una tierra prometida, evocada en interminables tertulias por nuestros padres y abuelos.
La adolescencia llegó de la mano de Nabil, nuestro gigante amoroso. Íbamos al estadio a ver jugar a otro gigante, Bartolo Gaviria, y tirábamos buscapiés en el camión del Tip-Top en las Fiestas de Noviembre. En su compañía podíamos ir a matiné y descubrimos la música de Los Beatles,........
