menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El sistema corruptor

16 0
09.05.2026

En su toma de posesión la presidenta de MORENA Ariadna Montiel declaró que “Los corruptos no tienen cabida en MORENA”.

Sin embargo, ¿ cómo cumplirá esta promesa? ¿Habrá una investigación? ¿Contra quienes? … El partido tiene entre sus militantes icónicos a personajes con negras historias de corrupción.

Cortar cabezas no resuelve de tajo el problema, aunque genera una positiva percepción pública de cero tolerancia, como lo han hecho todos los anteriores presidentes de la república al iniciar su gobierno.

El problema de la corrupción no es de individualidades, sino de un sistema gubernamental y político corruptor, que impulsa a los individuos a beneficiarse en lo personal de las oportunidades de enriquecimiento que se le presenten.

Para ello se han creado ciertos patrones de conducta regidos por la complicidad y la tolerancia.

Sin embargo, ese mito de que los mexicanos traemos la corrupción en nuestro ADN nacional es ofensivo. Curiosamente cuando salimos de nuestras fronteras nos convertimos en ciudadanos ejemplares, como lo son nuestros migrantes en Estados Unidos. A los mexicanos nos gusta el orden, pero también sabemos que la influencia social apela al desorden.

El ejercicio de la autoridad gubernamental está orientado para convertirnos en infractores a los ciudadanos y así podernos multar y convertir en cómplices a los funcionarios públicos y a los actores políticos.

En las altas esferas del poder el tener en nuestro historial personal acciones constitutivas de delito por enriquecimiento ilícito garantiza no sólo la lealtad frente al gobierno, sino también el silencio frente a los excesos de quienes nos rodean.

Desde que inició su gobierno el presidente López Obrador todas las obras se convirtieron en asignaciones directas, -con alto grado de opacidad-, para favorecer a los cercanos y para tener controlados a quienes se quiere corromper.

Hasta el final de la administración del presidente Peña Nieto, -con todo y sus historias de corrupción-, había una orientación de la administración pública tendiente hacia la transparencia, la claridad y la certeza jurídica. La administración pública era una carrera que en esa época se estaba profesionalizando a través de la creación de instituciones que garantizaban la transparencia.

La asignación de contratos era por concurso, pero a partir de la administración de López Obrador, se transformaron en asignación directa. Todas las grandes obras de López Obrador están protegidas del escrutinio público bajo la figura de “información reservada”, lo cual estimula la corrupción, pero deja en el ámbito gubernamental comprometida la lealtad del beneficiario para con él en lo personal, y para con su proyecto político.

Todos sabemos que la alternancia partidista en un país, evidentemente es el resultado de las elecciones cuando ya está instaurado el sistema democrático y se respetan sus reglas.

En contraste, los cambios políticos profundos, -esos que implican un cambio de sistema-, generalmente nacen desde dentro del partido en el poder, porque implican voluntad política de quien está a la cabeza y puede impulsarlos.

El inicio de la alternancia democrática que marcó el fin de la hegemonía priísta no se le debe a Vicente Fox, -que fue el beneficiario-, sino al presidente Zedillo, que puso orden en el sistema político para respetar la voluntad del pueblo expresada en esa elección presidencial.

A su vez, el fin de la Unión Soviética........

© El Universal