¿Qué haría Salomón hoy?
Pocas historias jurídicas han sobrevivido tantos siglos como el juicio del rey Salomón. El relato es conocido: dos mujeres acudieron ante él reclamando la maternidad del mismo niño. Sin pruebas concluyentes ni testigos que permitieran reconstruir los hechos, Salomón ordenó traer una espada y propuso dividir al menor en dos partes para entregar una mitad a cada mujer. Una de ellas aceptó la decisión; la otra renunció inmediatamente a su pretensión con tal de preservar la vida del niño. Salomón comprendió entonces quién era la verdadera madre.
Más allá de su dimensión religiosa, la historia revela algo fascinante: desde hace miles de años, los seres humanos nos hemos preguntado qué esperamos de quienes tienen la responsabilidad de juzgar.
¿Esperamos que sean sabios? ¿Compasivos? ¿Estrictos? ¿Creativos? ¿Imparciales hasta el extremo? ¿O simplemente que apliquen la ley tal como está escrita?
La respuesta nunca ha sido sencilla.
Aristóteles sostenía que la equidad era necesaria porque ninguna ley, por detallada que fuera, podía prever todas las circunstancias de la vida humana. La justicia exigía, en ocasiones, corregir la generalidad de la norma para alcanzar una solución razonable........
