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¿Democracia o partidocracia?

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29.03.2026

Existe un relato que bien podría figurar en las páginas de la historia política de México: el de una nación que, habiendo conquistado por fin la pluralidad democrática, descubre que los instrumentos forjados para garantizarla se han convertido en sus propios carceleros.

México enfrenta hoy una paradoja que ni el más astuto de los demiurgos habría diseñado con mayor ironía: los partidos políticos, concebidos como vehículos de la voluntad popular, se originan para ser fines en sí mismos, organismos cuya primera y última vocación es la supervivencia para el beneficio de un grupo o en el más vergonzoso de los casos; para el de una familia.

La reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum en febrero de 2026 —y su posterior naufragio en la Cámara de Diputados el 11 de marzo— no es apenas un episodio legislativo más. Es, si se la mira con la debida atención, una alegoría del México contemporáneo: un espejo donde se reflejan —simultáneas y contradictorias— la voluntad de transformación y la resistencia del orden que se alimenta de sí mismo.

Doscientos cincuenta y nueve votos a favor, doscientos treinta y cuatro en contra, una abstención. Los números, en su frialdad aritmética, ocultan un drama mayor: quienes hundieron la reforma no fueron los adversarios declarados del proyecto transformador, sino sus propios aliados.

El Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México —esas dos criaturas nacidas en el mismo vientre del salinismo— votaron contra la mano que los había elevado al poder que hoy ostentan. Hay en ello una coherencia perversa, casi literaria: el parásito no destruye a su huésped, pero tampoco permite que este altere las condiciones de su parasitismo.

La reforma proponía, entre otras cosas, eliminar las 32 senadurías plurinominales, modificar el mecanismo de asignación de los 200 diputados de representación proporcional y recortar en un 25% el financiamiento público a los partidos. Para Morena, fuerza dominante con más de 250 diputados, la medida era tolerable, incluso deseable: una reducción que apenas le rozaría la........

© El Universal