¿Y la ONU? ¿En qué quedaron las Naciones Unidas?
Cada vez que el mundo necesita a la ONU de verdad, la ONU no está. O está, pero no puede hacer nada. Ochenta años después de que la fundaran para que no hubiera más guerras, vale la pena preguntarse: ¿en qué quedaron las Naciones Unidas? Hay propuestas de reforma sobre la mesa. Lo que falta es que alguien tenga la voluntad de ponerlas en marcha.
Ausente en las grandes crisis del presente
Cuando las tropas rusas invadieron Ucrania en febrero de 2022, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesionó en Nueva York. Condenó. Debatió. No decidió nada. Cuando las bombas israelíes cayeron durante meses sobre Gaza y murieron decenas de miles de civiles antes de que siquiera se aprobara una resolución de cese al fuego, el Consejo de Seguridad volvió a sesionar. Debatió. Siguió paralizado. Cuando en Sudán, desde 2023, escaló una de las peores catástrofes humanitarias del mundo —cientos de miles de muertos, millones de desplazados, violencia masiva sistemática— la comunidad internacional respondió con silencio, interrumpido apenas por declaraciones de consternación.
Y ahora Irán. El 28 de febrero de 2026, Israel y los Estados Unidos lanzaron su guerra “Epic Fury” contra Irán con ataques que, según el Pentágono, desplegaron el doble de potencia de fuego que la campaña de “Shock and Awe” al inicio de la guerra de Irak en 2003. Los primeros golpes mataron al líder supremo iraní Alí Jamenei y a varios altos mandos militares y políticos. Irán respondió lanzando cientos de cohetes y drones contra Israel y contra instalaciones estadounidenses en toda la región, y bloqueando el estrecho de Ormuz. Un año antes, en junio de 2025, en la “Operación Rising Lion”, habían atacado instalaciones nucleares iraníes —un día después de que la Casa Blanca anunciara una nueva ronda de negociaciones. En ambos casos, operaciones de engaño coordinadas con participación activa de Trump. El Consejo de Seguridad aprobó una resolución, pero iba dirigida contra los contraataques iraníes sobre los países del Golfo, no contra los ataques iniciales que violaron el derecho internacional. Eso dice más sobre el estado de la organización mundial que muchas estadísticas.
La pregunta del título no es retórica: es una de las más importantes del momento. La organización fundada tras dos guerras mundiales para prevenir futuras masacres parece estar ausente justo cuando más se la necesita —o presente de forma selectiva, según los intereses que estén en juego.
¿Un monstruo burocrático o víctima de las circunstancias?
La respuesta más fácil viene de Washington. Donald Trump, a su manera, ha descrito repetidamente a la ONU como una maquinaria administrativa inflada, un aparato burocrático ineficiente que devora recursos de los contribuyentes estadounidenses sin entregar resultados. En enero de 2025, su gobierno retiró a los Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud y del Acuerdo de París sobre el clima; en febrero, del Consejo de Derechos Humanos.
Esta visión es populista, pero no está del todo equivocada. El propio secretario general António Guterres reconoció que el sistema de la ONU celebra anualmente alrededor de 27.000 reuniones en 240 órganos, que una quinta parte de los informes de la Secretaría registra menos de mil descargas, y que más del treinta por ciento de los temas de resolución del año 1990 seguían en la agenda en 2024. La organización comprende hoy unas 140 unidades distintas, incluidas 67 dependencias y oficinas solo en la Secretaría. Décadas de crecimiento de mandatos sin consolidación han creado una estructura que adolece de autocomplacencia burocrática.
Pero quien reduzca la crisis de la ONU a su tamaño administrativo no entiende sus causas reales: los déficits institucionales son secundarios.
La crisis endógena: defectos de origen y........
