Los rituales de la vida
En la casa del abuelo no se comía: se asistía a un ritual, especialmente los domingos.
Había normas que no estaban escritas, pero que nadie se atrevía a romper.
La primera era casi una ley natural: nadie se sentaba antes de que el abuelo rodara la silla para ocupar su puesto.
La pobreza de los jóvenes
Su gesto era más que una rutina: era el punto de partida de todo.
Cuando él hacía ese gesto, el resto del mundo —nosotros— podía existir alrededor de la mesa.
Pero no era una sola mesa.
Eran tres, como tres estaciones de la vida.
La de los grandes, donde los tíos y sobrinos mayores hablaban de todo y se tomaban decisiones trascendentales o banales; la de los medianos, que........
