‘Geografía de aventuras e infraestructura’
Este es el título del libro de mi autoría, que recientemente dio a conocer la Editorial Tirant. Este relato busca compartir con un público amplio la alegría que representa la posibilidad de explorar la geografía de aventuras, definida como la vivencia física, espiritual y ambiental de la maravillosa Colombia que habitamos. Su principal propósito es ilustrar nuestra diversidad etnográfica y promover su turismo a través del relato de divertidas aventuras ocurridas, principalmente, durante mis 15 años de dirección del centro de estudios Anif (2005-2019).
Acabamos de celebrar importantes centenarios: descubrimiento de Machu Picchu por Hiram Bingham (en 1911, alias Indiana Jones) y publicación de ‘La vorágine’ (1924), de José E. Rivera, denunciando atrocidades en la explotación del caucho; también el bicentenario de la expedición Alexander von Humboldt (1799-1804), en la Orinoquía y zona cafetera de Colombia. En dicho libro, estos personajes se erigen como nuestros guías, acompañados de proteccionistas ambientales como Richard Schultes, Wade Davis y Martin von Hildebrand.
He sido afortunado, pues el propio Wade Davis se interesó por la difusión de estas ideas, combinando desarrollo de infraestructura con sostenibilidad ambiental, y él ha escrito una provocadora presentación. En particular, señala Davis que “(...) los desafíos del transporte siguen siendo una preocupación constante en una tierra que enfrenta la tarea de desarrollar su economía de una manera que brinde oportunidades para la gente, al tiempo que protege el mayor activo de la nación, el capital natural que ha hecho de Colombia biológicamente la nación más rica de la Tierra. Al mismo tiempo, los avances que ha logrado el país en los últimos años, incluso mientras está convulsionado por un conflicto que seguramente habría quebrantado el espíritu de un pueblo menos firme, son nada menos que asombrosos”.
Y Manuel Rodríguez Becerra, quien fuera el primer minambiente del país (1994), también se unió en esta tarea y nos ha escrito un exquisito prólogo donde enfatiza que nuestra “(...) riqueza nacional se ha deteriorado como consecuencia de la acción humana que ha contribuido a la crisis ecológica que enfrenta el mundo (...).
El planeta y país que nos enseñaron nuestros maestros, y que en Colombia observó la Comisión Corográfica hace 150 años, son radicalmente diferentes al que estudian los jóvenes de hoy (...). Aprendimos que la Amazonía y el andén Pacífico estaban dominadas por selvas densas y habitadas por grupos indígenas milenarios, donde pocos hombres blancos incursionaban, llevados por la codicia, como lo registró J. E. Rivera en ‘La vorágine’, o Vargas Llosa en la ‘Historia del celta’ ”.
En este libro relatamos el karma de proyectos de infraestructura —túnel de La Línea, Cali-Buenaventura y Ruta del Sol hacia Santa Marta— que hacen honor a la conocida “ley de hierro de la infraestructura”: suelen costar el doble de lo presupuestado y sus tiempos de finalización suelen triplicar los cronogramas planeados. Pero cerramos con una nota positiva sobre los importantes avances que hemos tenido en dotación de infraestructura, pivote fundamental para consolidar la paz y acelerar nuestro crecimiento en el futuro inmediato.
Nuestro énfasis en recuperación de la infraestructura está atado al mejoramiento del orden público y el saneamiento fiscal. Recordemos el esfuerzo que implicó retomar la dotación de infraestructura en 2002-2018: organizar “vigencias futuras”, ampliar la participación concesional y el aseguramiento jurídico.
Han resultado dañinas las políticas petristas antirreajuste de gasolina-ACPM y la alteración de cronogramas de peajes y vigencias futuras. Mientras el mundo estalinista se fijaba como propósitos nacionales el Ballet Bolshoi, el mejor circo acrobático mundial y la dominancia global del ajedrez soviético, Colombia requiere foco en estos otros temas para sembrar una inversión productiva que nos permita volver a crecer al 5 % anual.
SERGIO CLAVIJO
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