El Germán que me constó
En alguna oportunidad se quedó mirando paternalmente a mi grupo de amigas –unas viudas, otras separadas– que departíamos con él en un balcón sobre la bahía de Cartagena. “Niñas, nos dijo con su hilarante acento de gamín bogotano: ¡les llegó la hora de abrir salones! Déjense presentar a unos diputados amigos aquí de Bolívar…”.
LÉELA PRIMERO
Recibe un día antes las columnas de María Isabel Rueda. Adelanto exclusivo para suscriptores.
Por su fama de hombre invencible, muchos colombianos aún hoy nos negamos a aceptar que Germán Vargas Lleras no volverá a aparecer cualquier día de estos a competir nuevamente por la presidencia de Colombia.
Pero entre los planes que le tenía el caprichoso destino no estaba ese. Cuando pudo haberlo sido porque tenía salud, no llegó. Y ahora, que seguro habría llegado, ya no la tenía.
Para tratar de explicar tanta ironía, yo diría que Germán cargó con dos maldiciones: precisamente la de su salud y, quién lo iba a imaginar, la de la ingratitud de los colombianos.
Sobre la primera, pocos como él sobreviven para contar que fueron víctimas de dos bombazos terroristas, de un derrame que nos tocó ver a los colombianos en vivo y en directo y de dos tumores cerebrales. Pero como si lo anterior fuera poco, también sufrió un........
