Volver al futuro
Qué curioso es el tiempo: nos pasamos la vida anhelando e imaginando el futuro, como decía el padre Antonio Vieira, para luego, un día, idealizar el pasado, añorar lo que entonces, si es que alcanzamos a vivirlo, era más bien gris y anodino, un permanente intento de evasión hacia adelante, con la certeza de que lo que vendría iba a ser muchísimo mejor y más bello y colorido y lleno de dicha y esplendor.
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Es la esencia del mito del progreso: la idea de la evolución de lo humano como un proceso lineal y hacia adelante, en el que lo mejor está por venir, esa es la fe inamovible de la Modernidad: cuanto más futuro haya, más felicidad. Pero en la medida en que ese ideal del ‘futuro’ y el ‘progreso’ se va cumpliendo, con las miserias propias de toda vida presente, lo que se impone, casi como un absurdo consuelo, es la celebración del pasado, su exaltación imaginaria.
Siempre, o casi siempre, ha sido así: el péndulo de la historia oscila entre la........
