Después de la tempestad viene la calma
Durante meses, el debate político estuvo marcado por una agria confrontación. Las redes sociales amplificaron los insultos, los seguidores más radicales de cada sector encontraron razones para alimentar la desconfianza y, en muchos momentos, vimos un país dividido en orillas incapaces de reconocerse mutuamente. En ese ambiente, ninguna propuesta pareció digna de ser debatida y ninguna crítica resultó razonable. La política dejó de ser un espacio para deliberar y se convirtió en escenario de agresión y descalificación.
Por eso resulta importante el cambio de tono de los candidatos después de la elección. Sin renunciar a sus diferencias, ambos parecen haber comprendido que el país está cansado de la agresividad y que los ciudadanos esperan algo más que una competencia de agravios. El lenguaje más moderado, la disposición a reconocer preocupaciones legítimas del adversario y el esfuerzo por dirigirse a sectores distintos de los propios seguidores son señales positivas en una democracia que necesita recuperar la confianza en la palabra.
No se........
