Átomo irrisorio
Se dice, no sin razón, que la vida cuanto más tiempo la vivamos, más tiene para enseñarnos. En mi caso, me voy a ir de este mundo sin entender muchas cosas —de verdad importantes–, no obstante haber vivido más de la cuenta y haberme acompañado la curiosidad. Igual que don Quijote, he llegado a la conclusión de que la vida no es para vivirla, sino para soñarla. En otros términos, para comprender la realidad debemos hacernos los locos.
Por ejemplo, muero sin entender cómo ocurrió la creación del universo, y del ser humano en particular. He dedicado tiempo profundizando en el estudio de ese misterio, esperanzado en desentrañarlo, y cada vez me confundo más. El creacionismo y el evolucionismo han sido las tesis esgrimidas para su explicación. Ninguna de las dos me convence. Para mi tranquilidad, me refugio en las palabras del científico Claude Bernard: “Cuando el hombre sepa todo quedará aniquilado. El hombre está hecho para la búsqueda de la verdad, no para su posesión”.
Lo único cierto que sé es que he de morir, pues es ese el precio inexorable que se paga por haber vivido. Me extinguiré........
