El nuevo Congreso
Transcurridas 48 horas de las elecciones del domingo, los resultados poco a poco se decantan y es posible tener un panorama más claro.
En lo que concierne al Congreso, un hecho clave es que la distribución de fuerzas en la legislatura que arrancará el próximo 20 de julio será similar a la actual. En lo sustancial, en Senado y Cámara van a quedar dos bancadas consolidadas, que seguramente serán también disciplinadas, y con una carga ideológica fuerte cada una: la del Pacto Histórico, que aumentó su presencia en este legislativo y es el partido con más escaños, y la del Centro Democrático, cuya presencia en Cámara y Senado a su vez creció. Encarnan cada una tendencias de una fuerza y poder de convocatoria reales y considerables en la sociedad. Tanto la derecha como la izquierda se afianzan en las preferencias electorales, más allá del interrogante siempre válido respecto a cuánto influyó la desbordada burocracia estatal en el caudal de la votación por las listas del petrismo.
Otro aspecto es el de que figuras de muy destacada trayectoria en el Parlamento no consiguieron renovar periodo, muchas de ellas caracterizadas por su independencia y rechazo franco a las componendas y las malas prácticas, sin consideración de ideologías. Algunos ven en esto un retroceso de las voces de centro, críticas de los casos de corrupción del Gobierno.
Así mismo, un puñado de influencers se estrenará en las lides parlamentarias. De ellos se espera una tarea juiciosa, que complementen su puesta en escena digital con la responsabilidad de demostrar trabajo y preparación; de lo contrario, les espera un camino parecido al del partido Comunes, de las extintas Farc, que ha perdido su personería jurídica y no pudo consolidar una base de apoyo, no obstante –o quizás debido a ello– su larga y turbulenta historia de movilización armada.
El llamado es al diálogo, la deliberación y la disposición sincera para construir consensos
en medio del disenso.
En este renovado Congreso serán determinantes los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, así como el de ‘la U’ y en menor medida Cambio Radical, a la hora de construir mayorías. En ese orden de ideas, el llamado es al virtuosismo en la labor legislativa, el cual se alcanza por vías del diálogo, la deliberación de altura y la disposición sincera para construir consensos en medio del disenso. Es por ahí, no por el camino de las transacciones, el cual, al parecer, recorrieron algunos funcionarios y parlamentarios al comenzar este cuatrienio y que terminó en el escándalo, traumático para Colombia, de la UNGRD.
En materia de control político, si algo recordó el país en los últimos años fue que cada una de las ramas del poder público juega un papel vital en la preservación de la democracia. Y para que esta labor de contrapeso sea eficaz y construya legitimidad, es fundamental que sea desempeñada lejos de las viejas costumbres clientelares y transaccionales.
El Congreso no puede caer en el juego de la compra y venta de apoyos y conciencias. Menos en un tema que llegaría a sus manos, el de la convocatoria de una asamblea constituyente, la cual, además de innecesaria, abre todo tipo de riesgos para afectar el equilibrio de pesos y contrapesos que han frenado los abusos del poder presidencial.
Tendrán los nuevos congresistas que sintonizarse con las realidades de la gente e interpretar sus intereses para que los ciudadanos se sientan realmente representados y a sabiendas de que, más allá de los avatares políticos e ideológicos, la democracia está salvo.
