Sobre la inutilidad de la ira
Contaba Séneca que un amigo había encontrado una vez a Platón con la mano levantada y el puño cerrado, dispuesto a pegarle al empleado que había despertado su ira. Sin embargo, en vez de asentar el golpe, el filósofo griego había permanecido inmóvil con la mano levantada. Sorprendido, su amigo le había preguntado qué hacía. “Castigo a un hombre iracundo”, había respondido. El filósofo se castigaba a sí mismo por haber cedido ante el impulso de la ira, que con enorme esfuerzo había logrado controlar justo a tiempo. Sabía que si reprimía a su empleado arrebatado por la rabia, se le iría la mano. “No te permitas nada mientras estés irritado, porque querrías permitírtelo todo”, advertía Séneca al terminar la historia.
Esta anécdota es una de las muchas narradas por el filósofo y político romano en su ensayo sobre la ira. En él, Séneca analiza detenidamente esta emoción y da una serie de consejos para prevenirla y manejarla. En estos tiempos en los que........
