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Las trampas mediáticas y la hipocresía blanca en el feminicidio de Claudia Tacoronte

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17.09.2026

Análisis Las trampas mediáticas y la hipocresía blanca en el feminicidio de Claudia Tacoronte

Este texto está escrito en tres epígrafes. La división se debe más a mi necesidad de poner en orden un totum revolutum que se agolpa en mi cabeza y resuena por todo mi cuerpo que a algún tipo de jerarquía en las reflexiones. En mi diálogo interno y en las conversaciones con mis compañeras feministas mexicanas, todo sale a borbotones: sale de la rabia, del dolor, de la constatación de que una mujer más ha sido víctima de feminicidio en México.

Pero, para los grandes medios de comunicación, esas enormes cajas de resonancia de los mensajes más patriarcales, el problema no es la estructuralidad de la violencia contra las mujeres, sino la incapacidad de México (así, en abstracto) de contener la violencia (así, en general). Y, como no podría ser de otro modo, se aprovecha la muerte violenta de una mujer para reactualizar la vieja premisa de los países bárbaros incivilizados a los que no deberían ir las mujeres euroblancas, dando por hecho que en sus propios países europeos están a salvo. Nada más lejos de la realidad.

Uno: invisibilizar el movimiento

Es probable que, si pregunto a un español o española promedio que opina, discute o insulta en redes sociales, o que comenta al final de los artículos periodísticos (como es probable que alguien haga debajo de este mismo texto) a quién se le atribuye la frase que durante años significó la lucha por la vida de las mujeres Ni una mujer menos, ni una muerta más, nadie sepa qué responderme. A lo sumo, alguna más versada en feminismo me diga que es una consigna argentina y que está ligada al movimiento Ni Una Menos, que surgió en 2015 como respuesta al asesinato de la adolescente Chiara Páez, de 15 años y embarazada cuando su pareja le quitó la vida.

Sin embargo, esa frase fue escrita en 1995 por la poeta Susana Chávez en Ciudad Juárez, el entonces epicentro nacional de la desaparición de mujeres y esto no es baladí. En aquellos años, la industria de la maquila comenzaba a cobrarse sus primeras víctimas, pero las mujeres ya estaban organizadas. Los años 90, dice la investigadora y acompañante de familiares de víctimas de feminicidio Emanuela Borzacchiello, fueron los de las mujeres marchando por las calles con carteles colgados al cuello en los que aparecen fotos de sus hijas, amigas y madres víctimas de feminicidio. Esta forma de llevar al espacio público a las mujeres víctimas de feminicidio es una forma de cuidar la vida, al tiempo que es un posicionamiento político: el asesinato de mujeres no es una cosa íntima ni doméstica, es un tema estructural que atañe a la vida pública.

A pesar de que los medios pongan el foco en la violencia y no en la respuesta feminista organizada a la violencia, las mujeres y disidencias mexicanas llevamos por lo menos 40 años organizadas 

A pesar de que el tratamiento mediático del feminicidio de........

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