Es imposible gobernar una herida
Opinión Es imposible gobernar una herida
Dedico una parte importante de mi tiempo a reflexionar, leer y escribir. Suelo tener alguna preocupación en activo, algún tema fragmentado en piezas que no acaban de encajar; la vida como texto a medio leer. Hay momentos en los que dudo si tiene sentido darle tantas vueltas a las cosas, sobre todo cuando alguien me pregunta acerca de un problema en el que llevo meses centrado y sobre el que apenas soy capaz de balbucear alguna idea consistente.
Veo puntos de vista contrarios y me parecen razonables. Veo puntos de vista afines y me parecen simples. Me es difícil afirmar algo con contundencia. Envidio ‒y no‒ a la gente que es capaz de hacerlo. Y sin embargo, pese a todo esto, es curioso que nunca me haya detenido a pensar sobre el propio ejercicio de pensar, hasta que el libro de Amador Fernández-Savater, La batalla del pensamiento, me ha obligado a ello. Estaba tan cerca de mí, que no lo había visto.
Durante su lectura me han surgido varias ideas, algunas de ellas completamente nuevas para mí, mientras que otras han entroncado con reflexiones que ya venía rumiando, alargándolas o contribuyendo a ellas. El libro hace esto: da pie a profundizar, desestabilizar y enriquecer los propios planteamientos al poner de relieve los procesos de pensamiento que los posibilitan y dar pistas acerca de cómo insertarlos en esta complicada vida en común.
La apuesta es clara: pensar no es inocuo. No solo no es un proceso separado de la realidad, sino que está tan pegado a ella que lo reflexionado ejerce cierto nivel de influencia sobre la misma. El movimiento del pensar produce un movimiento en el mundo, no un movimiento equivalente, no un cambio a voluntad, pero sí el inicio de algo. Un ligero, breve y milimétrico desplazamiento, pero desplazamiento al fin y al cabo.
Como dice Amador, a veces hablamos para “los ya convencidos”, y creo que esto es lo que sucede cuando se da por sentado que “la culpa es del sistema”
Se puede pensar en soledad, pero no es de esto de lo que habla Amador. Dice: “amigo es cualquiera con el que se piensa la vida” y “conspirar es respirar juntos”. Si pensar es mover el mundo, y la amistad es encontrarse para pensar, entonces la amistad es transformadora. Una manera de apropiarse de la realidad. ¿Y no es cierto que muchas veces sentimos con las amistades que el mundo es nuestro? ¿Que no nos para nadie? ¿Que esa es la vida verdadera y no la obligada?
Suele decirse que las amistades son la familia elegida, con el fin de oponerla a la familia no elegida, biológica y convencional, pero esta posibilidad de elección no es una simple característica contrapuesta, sino una de sus propiedades fundamentales. En este elegir hay un pensar sin el........
