menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Cuando el “desarrollo” sirve para colonizar: de Rutenberg a la Junta de Paz de Gaza

9 0
19.08.2026

Análisis Cuando el “desarrollo” sirve para colonizar: de Rutenberg a la Junta de Paz de Gaza

A lo largo de más de un siglo, el colonialismo en Palestina no se ha impuesto únicamente mediante ejércitos, expulsiones, asentamientos y leyes de confiscación. También ha utilizado un lenguaje aparentemente mucho más amable: modernización, prosperidad, inversión, reconstrucción, ayuda humanitaria y desarrollo. Bajo esos términos, presentados una y otra vez como proyectos destinados a mejorar la vida de la población, se han impulsado estructuras económicas e infraestructuras que han servido para apropiarse de la tierra, reorganizar la sociedad palestina y aumentar su dependencia de quienes la colonizan.

La actual Junta de Paz de Gaza no nace fuera de esta historia. Presentada bajo el lenguaje de la reconstrucción, la administración y la estabilidad después de una guerra de exterminio que ha destruido buena parte de las bases materiales de la vida en la Franja, reproduce una lógica conocida: primero se destruyen o se arrebatan las condiciones que permiten a una sociedad sostenerse por sí misma y después se ofrece devolver una parte de ellas bajo supervisión externa y a cambio de aceptar determinadas condiciones políticas.

No es una lógica nueva. Desde el Mandato Británico hasta Oslo, pasando por los proyectos de judaización posteriores a la Nakba, Palestina ofrece numerosos ejemplos de cómo el denominado “desarrollo” puede convertirse en una herramienta de conquista colonial. También ofrece otra historia, menos contada: la de una población palestina que identificó muchas veces esas políticas, las rechazó y desarrolló diferentes formas de resistencia frente a ellas.

La electricidad que iluminaba la colonización

Uno de los primeros ejemplos apareció durante el Mandato Británico. En 1921, las autoridades británicas concedieron a Pinhas Rutenberg, ingeniero ruso y militante sionista, los derechos para desarrollar gran parte de la infraestructura eléctrica de Palestina. Sobre el papel, parecía una iniciativa de modernización: electrificar el país, mejorar sus infraestructuras y abrir una nueva etapa económica. Sin embargo, el problema nunca fue la electricidad. El problema era quién controlaba la infraestructura, a quién beneficiaba y qué proyecto político estaba ayudando a construir.

La concesión permitió concentrar en manos sionistas el control de un servicio público estratégico mientras las redes eléctricas se expandían prioritariamente hacia los asentamientos judíos. Ciudades y comunidades palestinas quedaron relegadas o directamente excluidas, mientras la electricidad contribuía al crecimiento económico e industrial de la sociedad colonial que se estaba implantando en Palestina.

La población palestina entendió muy pronto que aquellos postes eléctricos no eran neutrales. El Quinto Congreso Nacional Palestino, celebrado en Nablús en 1922, llamó al boicot del proyecto de Rutenberg. Más tarde se sucedieron manifestaciones y acciones de sabotaje contra la red. Una consigna de aquella época lo resumía con una claridad extraordinaria: “Los postes de Rutenberg son nuestras horcas”.

No era un rechazo a la modernización ni a la electricidad. Era la comprensión de que una infraestructura aparentemente destinada al desarrollo estaba siendo utilizada para fortalecer un proyecto colonial que expulsaba progresivamente a la población originaria del control sobre su propia tierra y sus recursos.

Quien controla la infraestructura no controla únicamente un servicio; controla también las posibilidades económicas, la planificación territorial y, en buena medida, el futuro

Décadas después, esa intuición quedó confirmada: en los años cuarenta, la inmensa mayoría de la electricidad producida por aquella red era consumida por los asentamientos judíos. El colonialismo había aprendido una lección que volvería a aplicar muchas veces: quien controla la infraestructura no controla únicamente un servicio; controla........

© El Salto