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¿Cómo estalla la guerra? Las reflexiones de Friedrich Engels y Clara Zetkin

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20.09.2026

Opinión ¿Cómo estalla la guerra? Las reflexiones de Friedrich Engels y Clara Zetkin

Muchos historiadores consideran la Primera Guerra Mundial como la “catástrofe original” del “corto siglo XX” (1914-1991). Entonces se consideraba como correcto, e incluso como algo romántico, deseado en el fin de siècle por quienes estaban cansados de la civilización, la muerte en el “campo del honor”, “dulce y decorosa”.

La gente tiende a olvidar. ¿Se había olvidado entonces lo que significaba la guerra? La última guerra contra el enemigo jurado de Francia, en 1870-1871, que había llevado tanto a la fundación del Imperio alemán en el Salón de los Espejos de Versalles como a la Comuna de París, había tenido lugar casi una generación antes. En estos 43 años, por otra parte, la bestia de la guerra no había desaparecido, sencillamente, como en nuestro pasado reciente en Yugoslavia, Iraq, Afganistán, Siria, Sudán, Mali, Ucrania o Irán, ocurría, hoy como entonces, en otro lugar. En ese otro lugar lloraban las madres y padres y la bestia eran los estados europeos, que descargaban la violencia de la guerra sobre las poblaciones de sus colonias: desde la segunda guerra contra los bóers del Imperio británico (1899-1902) hasta la represión de la rebelión de los bóxer en China (1899-1901) pasando por el genocidio cometido por los alemanes contra los nama y herero en la actual Namibia (1904-1908).

En aquel momento las ideas de la guerra que vendría seguían marcadas por las experiencias de las batallas decisivas limitadas como las de Austerlitz (1805), Jena y Auerstedt (1806) o Königgrätz (1866). Como en 1870-1871, los soldados del káiser, acompañados por el júbilo de la prensa burguesa, esperaban volver tan pronto de la guerra como para estar “para navidades en casa”. Marcharon al frente con caballos, cañones y fusiles y cuatro años después regresaron con tanques, bombardeos aéreos y gases venenosos. El talento creador humano se transforma en la guerra en violencia destructiva. De acuerdo con la dialéctica de la Ilustración, el dominio de la naturaleza mediante la técnica también sirve para el dominio de los hombres por los hombres y, en la guerra, al asesinato de los hombres por los hombres.

Cuando en agosto de 1914 los Estados europeos comenzaron de este modo a librar la guerra los unos contra los otros, nadie podía decir que no se hubiese advertido contra tal posibilidad. En el movimiento obrero socialista se sabía qué venía, se estaba convencido de que el capitalismo conducía necesariamente a la guerra y que la próxima guerra sería una guerra mundial.

“El general” anticipa la guerra

Friedrich Engels, que a raíz de su profundo conocimiento de la historia y la estrategia militares y de las tecnologías de defensa fue apodado “el general”, pronosticó la “catástrofe original” de 1914 ya en su introducción a un opúsculo de Sigismund Borkheim publicado a finales de 1887 hasta en el más mínimo detalle de manera inquietante:

“Finalmente, no queda otra guerra a Prusia-Alemania posible que una guerra mundial, una guerra mundial, además, de una magnitud y una violencia hasta ahora inimaginables. Entre ocho y diez millones de soldados se lanzarán unos contra los otros y, en el proceso, dejarán a Europa más desolada que un enjambre de langostas. Las depredaciones de la Guerra de los Treinta Años comprimidas en tres o cuatro años y extendidas por todo el continente: la hambruna, las enfermedades, la caída universal en la barbarie, tanto de los ejércitos como de la población, a raíz de una miseria aguda; la desorganización irremediable de nuestro sistema artificial de comercio, industria y crédito, que culminará en una quiebra universal; el colapso de los antiguos estados y de su sabiduría política convencional, hasta el punto de que las coronas rodarán por decenas y no habrá nadie para recogerlas”.

Ésta era “la perspectiva para el momento en el que la escalada armamentista mutua alcance su punto álgido y, finalmente, dé sus frutos inevitables. Hasta aquí es donde, estimados príncipes y estadistas, ustedes, con su sabiduría, han llevado a nuestra vieja Europa”.

La guerra supone un elevado riesgo para las clases poseedoras, la revolución en el frente interior, su mayor temor

Engels reconoció pronto la dialéctica de la guerra, que inicialmente paraliza la lucha de clases el interior y facilita un sentimiento nacionalista y patriótico, pero que, cuando se dejan........

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