‘El testamento de Ann Lee’: lo oculto a la mirada alberga mil puntos de vista
Opinión ‘El testamento de Ann Lee’: lo oculto a la mirada alberga mil puntos de vista
Entre las películas que se disputan el honor de no figurar en ninguna categoría de los próximos premios Oscar —una de las más catastróficas en sus nominaciones de los últimos años—, se cuenta el tercer largometraje de Mona Fastvold, directora noruega afincada en Estados Unidos y casada con el también realizador Brady Corbet. Este último dato es importante, pues la relación entre Fastvold y Corbet trasciende lo sentimental para abarcar lo profesional: sin ir más lejos, uno de los mayores éxitos críticos y académicos de 2024, The Brutalist, fue escrita por ambos y dirigida por Corbet, mientras que en la intriga familiar The Sleepwalker (2014) se invertían los papeles. Tras esta ópera prima, Fastvold realizó el wéstern lésbico El mundo que viene (2020).
The Brutalist y El testamento de Ann Lee tienen, además, dos puntos relevantes en común. El primero, sus repasos a la historia estadounidense a través de sendas figuras colaterales, forasteros en tierra extraña, lo cual ha permitido a Corbet y Fastvold poner en jaque el relato hegemónico de aquel país como paraíso de la meritocracia, la libertad de culto y pensamiento y el progreso económico y tecnológico. Si en The Brutalist el protagonista era un arquitecto húngaro que emigraba a Estados Unidos, inspirado como personaje de ficción en Marcel Breuer (1902-1981) y Louis Kahn (1901-1974), en El testamento de Ann Lee nos hallamos ante el biopic de la líder religiosa que da título a la película, Ann Lee (1736-1784), otra emigrante, ahora inglesa, que se instaló con sus fieles durante la segunda mitad del siglo XVIII en lo que sería........
